Amor, Traición y Redención
Mi marido, un juez del gobierno, decidió donarle uno de mis riñones a la mujer que fue su primer amor, sin siquiera preguntarme.
Intenté explicarle de todas las formas posibles que yo también tenía insuficiencia renal, al igual que ella, y que, sin mi otro riñón, no podría sobrevivir.
Pero él, con mucho desprecio, me gritó:
—Luci está tan grave y tú sigues celosa y haciendo berrinches. ¿Acaso no tienes corazón?
Obligada por mi esposo, me llevaron al quirófano para realizarme la extracción.
Al final, debido al empeoramiento de mi insuficiencia renal, morí en un rincón frío y solitario de la clínica, sin que nadie me prestara la mínima atención.