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El llanto del bebé duró solo un instante, pero fue suficiente para hacer que me irguiera en el sofá y fijará toda mi atención en la puerta. A diferencia de mí, Adam no le prestó atención, se acomodó el traje y entró al baño un momento.Cuando salió, vino a mí. Pero a diferencia de hacía solo unos instantes, su expresión era serena y sus ojos, castaños, inmutables.—Te veré por la noche —me envió a casa.Tras un rápido beso en la coronilla, salió de inmediato de la oficina, como sí tuviera prisa. Cuando la pesada puerta se cerró tras él, yo me apresuré a guardarme las rotas medias en la bolsa y me alisé el vestido con manos ansiosas. Salí solo 1 minuto después de Adam, pero ya no lo encontré.Solo estaba su asistente Julieta en su lugar de trabajo. Junto a ella, había una puerta grande de doble hoja, con un letrero al costado que decía SALA DE JUNTAS PRESIDENCIAL.Sin saber cómo proceder, le sonreí a la chica. En mi cabeza, aún podía oír el eco del llanto de ese bebé.—¿Se demorará dema
Te aborrezco, mujer.La crudeza de esas palabras, pronunciadas con una voz de profundo resentimiento, se clavó en mi cerebro como una enfermedad mental. No me pude deshacer de ellas ni con el paso acelerado de los días. Adam no recordó nada de esa noche, ni sus acciones desmedidas ni sus palabras dolorosas. Lo único que obtuve de él fue una disculpa sincera por su comportamiento y una actitud evasiva.El alto nivel de alcohol en su sangre había borrado todo el historial y cualquier evidencia de lo que pasó en ese comedor. Pero yo sí lo recordé. Y me volví distante con mi marido. ¿Me aborrecía en secreto? ¿Tenía algún tipo de desprecio por mí? ¿Acaso alguna razón oculta le había forzado a hacerme su esposa?—Hoy no quiero —lo detuve una noche, cuando trató de acariciarme, luego de tanto tiempo sin hacerlo.Sus manos se paralizaron a la mitad de mis muslos, a medio subirme el camisón de seda, un regalo suyo. Con el rostro en mi hombro, mi esposo profirió un gruñido frustrado.—Hannah, te
—¿Llevarás a mi esposa embarazada un viaje, John? ¿Con qué autorización harás tal cosa?Su voz, tan repentina, tan grave y cargada de suspicacia, me causó un estremecimiento helado en la espalda. Rápida, me limpié los ojos.—Ni siquiera te dignaste a venir a mi boda, ¿y ahora vienes con excesiva confianza a hacer amistad con mi mujer, Jonny?Adam entró a la sala dando largas zancadas, se quitó el pesado abrigo y lo tiró al suelo. Sus ojos no me miraron a mí, sino que cayeron directo en nuestro visitante. John se le acercó y le ofreció una mano amistosa.—¡Adam Baker! ¡Vaya amigo, creí que no aparecerías!Mi esposo estrechó la mirada, pero aceptó el saludo. Ambos se estrecharon las manos. John le sonrió, nervioso y se volvió a sentar.—Solo estaré aquí unos días. Pasé a saludar —justificó su visita.Entonces al fin Adam volvió su atención a mí. Afortunadamente ya había borrado todo rastro de lágrimas en mis ojos y no levanté sus sospechas. Lo único que hizo fue aproximarse a dónde yo me
Expiré con nerviosismo y le sonreí un poco a mi reflejo en la ventanilla del auto. Tenía brillo labial en los labios, rubor en las mejillas, pendientes de oro y un collar de exuberante precio en el cuello. Mi cabello, negro y abundante, lo llevaba recogido en un peinado alto. La última vez que me había arreglado con tanto esmero, fue aquella noche en que Sean me entregó a su jefe.Y ahora yo me había convertido en la esposa de ese jefe.—¿Lista, Hannah? —la voz de mi esposo me hizo pestañear un par de veces.Tomé su mano y salí del auto junto a él. Esa noche Adam Baker usó un simple traje negro y camisa blanca, pero en la solapa del blazer llevaba una rosa de intenso color rojo. La rosa iba a juego con mi vestido de terciopelo, largo y elegido por el mismo Adam para esa ocasión. Esa noche acudíamos al cumpleaños de un tipo adinerado para cerrar un millonario negocio.Y sería la noche en que mostraría mi embarazo por primera vez. El vestido simplemente no podía ocultarlo y Adam tampoco
—Últimamente ...Su aliento, cálido como un soplo de viento en un intenso verano, rozó la sensible piel de mi cuello cuando me lamió desde la base del cuello el lóbulo de la oreja. Me dio un suave mordisco que me hizo morderme los labios.—Me he preguntado si acaso, mi esposa... —musitó suavizando su voz, volviéndola aterciopelada—... la mujer que vive bajo mi mismo techo siente algo por mí.¿Todo eso lo hacía porque me había descubierto con su abogado en una habitación a oscuras? En mi hombro, aún ardía la marca que él mismo acababa de hacerme. Sí mirará, ¿vería la forma perfecta de sus dientes marcados en mi enrojecida piel?—¿Aún piensas en Sean Kale, Hannah? —aunque mantuvo un tono pasivo, sus dientes rozaron mi sensible cuello mientras plantaba ardientes besos en él.Apreté la mandíbula con todas mis fuerzas, rehuyendo a la respuesta. Había vivido 8 años de mi vida con Sean, ¿cómo olvidarlo tan rápido?—Supongo que necesitas más tiempo —se alzó para clavar unos vivaces ojos avella
Todas las parejas llevan distintas dinámicas en la intimidad. Algunas les gustan la amabilidad y otras exploran los más arriesgados limites donde el placer subyace al dolor. Yo sabía bien eso.Hay todo tipo de parejas.Al día que siguió a la fiesta de Erick, cuando desperté y caminé trabajosamente al baño para lavarme la cara, vi con ojos impresionados el estrago que era mi cuerpo, cargado de chupetones rojos y marcas definidas...Me horroricé completamente. Mi aspecto era deplorable.Un nudo grueso se fue formando en mi garganta conformé mi mirada bien abierta, de intenso color verde brillante, recorría mi cuello, hombros y escote, repletos de marcas de todos los tamaños, pero tintadas de un rojo muy fresco.Mi corazón latió más deprisa, llevando la sangre a mi cara. Odié verme marcada.Las manos me temblaron y allí, en ese preciso momento, cuando me veía a mí misma en el espejo empañado, supe que ese tipo de sexo no era lo mío. Con lentitud bajé la mirada a mis muñecas, marcadas por
Esa era una noche importante. La más importante de nuestras vidas.Me observé al espejo una ultima vez para afinar detalles; verifiqué que mi plateado vestido de noche no tuviera arrugas y que el escote profundo no se moviera de su sitio; me aseguré que las pulserás en mis manos lucieran bien; me retoqué el maquillaje y las gramurosas sombras sensuales alrededor de mis verdes ojos.Por ultimo, pinté mis labios de un precioso rojo carmin y me calcé unas zapatillas altas. Mi apariencia era excelente.—Te ves increíble, Hannah —me susurró mi novio, abrazandome desde atrás y besandome en el hombro—. Esta será nuestra noche, estoy seguro. Hoy lograré un ascenso y al fin tú y yo nos casaremos.Le sonreí levemente desde el espejo. Aunque lo apoyaba y lo quería, ya no creía en él. Llevabamos como novios desde los 16 años y durante los ultimos 5 años, nos habiamos ido a vivir juntos, pero el matrimonio nunca llegaba. Ahora ambos teniamos 24 años y viviamos como pareja, pero él no era mi marido
Por más de un minuto, solo hubo silencio en ese bar vacío. A la distancia se podía oir la fiesta en el restaurante, pero allí dentro, podría incluso oirse una aguja caer al suelo. En mi cabeza, aún creía que todo eso era una broma, un gran chiste de un hombre millonario que se sentía aburrido y buscaba diversión al burlarse de nosotros.Y Sean pensaba lo mismo.—¿Está bromeando con nosotros, señor Baker? —inquirió con una risita confusa.Pero su jefe negó con seriedad y con suma calma, miró la hora en el rolex de su muñeca.—De ninguna manera. No acostumbro jugarles bromas a mis empleados. Lo que digo es completamente en serio.Mientras hablaba, le sirvió otro trago a Sean.—Estoy negociando con usted un ascenso a cambio de una noche con su mujer.Mi novio tomó el vaso y lo bebió lentamente, mientras yo seguía paralizada y Adam Baker explicaba su propuesta con mayor detalle.—Tiene una mujer hermosa a su lado, Sean —sentí su mirada y yo tuve qué apartar la mía para no enrojecer de nuev