Capítulo 38 —Sin tocarlaNarrador:Massimo se mantuvo de pie en la entrada del apartamento, observándola mientras ella recorría el espacio, tocando los muebles, deslizando los dedos por la encimera de la cocina, inspeccionando cada rincón con una concentración que lo exasperaba y fascinaba al mismo tiempo. Era su casa ahora. Su refugio. Y él no estaba seguro de cómo se sentía al respecto.Cuando Nadia volvió a acercarse, él sacó las llaves de su bolsillo y se las tendió sin decir nada.Ella las tomó con lentitud, observándolas un momento antes de alzar la vista.—¿Tienes una copia?Massimo negó con la cabeza, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón para evitar hacer algo de lo que pudiera arrepentirse.—No. Solo hay dos. Y son tuyas.Nadia entrecerró los ojos, como si estuviera analizándolo.—Pero sí puedes entrar al edificio con la tarjeta.—Sí —admitió sin rodeos —Puedo entrar a los espacios compartidos, pero no a este apartamento.Ella ladeó la cabeza y apretó los labios
Capítulo 39 —¿Solo espasmos o algo más?Narrador:La cena continuó. Y con ella, la tortura.Nadia estaba al borde del colapso. Intentaba recuperar el control de su cuerpo, regular su respiración, aparentar que nada había pasado… pero Massimo no le daba tregua.Cada tanto, deslizaba los dedos por su muslo, con la excusa de rozarla sin querer. Cada vez que alguien hacía un comentario gracioso, él se inclinaba como si le fuera a susurrar algo, pero en su lugar, rozaba con sus labios la curva de su mandíbula, apenas un roce de aliento caliente, suficiente para enviar un nuevo escalofrío por su columna.El segundo golpe la tomó desprevenida.Justo cuando el postre fue servido, Massimo dejó caer su mano sobre su rodilla bajo la mesa. Nadia sintió que el aire se le atascaba en la garganta. Él no hizo nada más. Solo la dejó allí. No se movió, no la presionó… y eso fue peor. El calor volvió a arremolinarse entre sus piernas. Nadia cerró los ojos, sintiendo cómo su piel se encendía otra vez. Ma
Capítulo 40 —¿Cuatro...???Narrador:Massimo llegó a la mansión con la mandíbula tensa y los nudillos blancos de tanto apretar el volante.El silencio del camino de regreso no había hecho más que empeorar su estado. Su cuerpo ardía, su mente estaba en un bucle constante entre la furia, el deseo y la frustración. Se sentía al borde de la locura.Cuando vio que Nadia entraba en el edificio y era recibida por el guardia de seguridad, aceleró sin pensarlo. No podía quedarse ahí. No podía seguir mirándola.No podía seguir deseándola de esta manera.Al entrar en la mansión, las luces estaban bajas. La abuela debía estar descansando y Luca, Dios sabía dónde. Mejor, no quería ver a nadie.Subió las escaleras con pasos pesados, su camisa aún desprendía el leve aroma de su perfume, mezclado con la fragancia floral de ella.Entró en su dormitorio, cerrando la puerta de un golpe. Se quitó la chaqueta y la tiró a una esquina, aflojándose la corbata con desesperación.Tenía que sacarla de su cabeza
Capítulo 41 —Te da miedo sentirNarrador:Massimo no la soltó. No podía. Tenía la cintura de Nadia bien sujeta contra su cuerpo, sintiendo cada estremecimiento, cada temblor que la recorría. Su piel ardía contra la suya, incluso a través de la tela de la ropa.Ella respiraba rápido, como si quisiera controlarse, pero su cuerpo hablaba otro idioma.Massimo inclinó la cabeza y rozó su nariz contra su cuello. La escuchó jadear bajito, su pecho subiendo y bajando con agitación. Sonrió contra su piel, disfrutando de su lucha interna.—Sigues temblando —murmuró con voz grave, dejando que su aliento caliente se estrellara contra su cuello desnudo.Nadia tragó saliva.—Massimo…Pero su advertencia fue apenas un susurro, un intento débil de resistencia que él ignoró por completo.Se acercó más, sus labios apenas rozando su piel, apenas una caricia de fuego contra su clavícula. Y entonces, sin prisa, sin apuro, deslizó su boca más abajo, besando el punto justo donde su cuello se encontraba con
Capítulo 42 —Castigo y rendiciónNarrador:Massimo estacionó el coche con un movimiento brusco, los nudillos blancos sobre el volante, la respiración entrecortada. Desde allí, con una vista perfecta del bar de la esquina, podía verla. Nadia, Riendo, con él; Ismael; el de la ONG.El hombre estaba inclinado hacia ella, con esa confianza que solo tenía alguien que se sabía cercano. Demasiado cercano.La ira subió en su pecho con una fuerza tan violenta que sintió el sabor metálico de la rabia en la boca.¿Qué carajos hacía ella con él?Massimo entró al bar con pasos firmes y mirada afilada, su rostro una máscara de calma absoluta. Pero por dentro… por dentro, estaba hirviendo.La vio de inmediato. No podía no verla. Nadia estaba sentada en una mesa pequeña, la luz tenue resaltando su piel pálida y el brillo de su cabello suelto. Estaba relajada, con una leve sonrisa mientras hablaba con él. El tipo hablaba con gestos tranquilos, inclinado levemente hacia ella, como si tuviera derecho.M
Capítulo 43 —Eso fue solo el comienzoNarrador:El aire entre ellos era pesado.Nadia aún estaba acostada, con la respiración entrecortada, el cuerpo destrozado por lo que acababa de experimentar. Cuatro. Y con los de la cena, eran ocho orgasmos, sin tocarla donde más lo necesitaba. Sin penetrarla, sin siquiera desnudarla del todo. Y lo peor de todo… Lo había disfrutado.Massimo seguía sobre ella, su pecho subiendo y bajando con fuerza, su mirada clavada en la de ella, oscura, peligrosa. Silencio. Eso era lo único entre ellos. El sonido de sus respiraciones. El latido desbocado de sus corazones. Massimo deslizó los dedos lentamente por su cintura, como si no quisiera soltarla todavía.Como si él tampoco supiera qué carajo acababa de pasar. Nadia tragó saliva.—Esto no es normal —susurró sin pensarlo.Massimo esbozó una sonrisa ladeada, sus dedos aún atrapados en su piel.—No. No lo es.No lo fue, no lo será. Ella giró la cabeza y cerró los ojos con fuerza. Su cuerpo aún vibraba.Massi
Capítulo 44 —Timidez y curiosidadNarrador:Massimo la desató con cuidado, sus dedos firmes pero suaves sobre la piel de sus muñecas.Nadia sintió un escalofrío recorrerle la espalda, una mezcla de agotamiento y algo más profundo que no lograba nombrar. Sin decir una palabra, él la cargó en brazos y la llevó al baño.—Massimo… —murmuró, demasiado aturdida para resistirse.Él no respondió. Solo la sostuvo con firmeza y la llevó hasta la ducha. El agua cayó sobre ellos en una lluvia tibia, relajando sus músculos y lavando los rastros de todo lo que había ocurrido momentos antes.Massimo la observó en silencio, con una expresión imposible de descifrar.Sus manos se deslizaron con calma por su piel mojada, acariciándola con un cuidado que la desconcertó. No había urgencia en su toque. No había fuego ni deseo descontrolado. Solo ternura. Un nudo se formó en la garganta de Nadia. Demasiada intimidad, demasiado todo. Massimo levantó su rostro con una mano y la besó. Diferente a todos los bes
Capítulo 1 —Completa y jodidamente, atractivoNarrador:La sala de la ONG estaba tranquila, con las sillas acomodadas en círculo mientras algunos de los asistentes iban llegando poco a poco. Nadia estaba allí, sentada en una de las sillas, con los dedos entrelazados sobre su regazo. No tenía idea de por qué había aceptado quedarse a la reunión cuando lo único que necesitaba era un trabajo, pero algo en la calidez de Ismael la había convencido. A su alrededor, los jóvenes iban tomando asiento, cada uno con sus propias historias, con sus propias cargas. Había una sensación de comunidad, de entendimiento tácito entre ellos, aunque Nadia aún no se sintiera parte de eso. Y entonces, la puerta se abrió de golpe. El impacto resonó en toda la sala, haciendo que todos giraran la cabeza al mismo tiempo. Dos hombres entraron. El primero, joven, con el cabello despeinado y la ropa desarreglada, forcejeaba inútilmente contra el agarre de quien lo traía a rastras. El segundo… Nadia sintió su estóma