CENTRO DE SĀO PAULO. —Mi papá me aconseja que espere, pero no sé si pueda hacerlo, entre nosotros existieron lazos muy fuertes, a pesar del poco tiempo que hemos estado juntos, me atrevo a asegurar que han ocurrido cosas que jamás había experimentado, que han estremecido mi alma, cosas que han tocado muy dentro de mí. Con Juan Carlos he vivido momentos únicos, delante de él he desnudado mi cuerpo y mi alma sin tabú, por eso me duele tanto su mentira, su engaño. Me siento vacía, como si una parte de mí se hubiese ido con él. Pero, tengo que seguir adelante, así me esté muriendo por dentro, me levanto y sigo avanzando. —Evaluna, Evaluna. —Hola Maicor, disculpa no te escuché. —Ya me di cuenta, estabas tan abstraída en tus pensamientos que no me escuchabas, tuve que gritarte. Ya veo que estabas de compras. —Si, en eso estaba, pero ya compré lo que necesitaba. —Que bien, eso significa que podemos sentarnos a tomar un café. ¿Por q
SĀO PAULO. —Evaluna amiga estás bellísima, por allí anda tu galán, ya me preguntó por ti, de seguro piensa que decidiste no venir. —Yo le dije que si venía, aquí entre nosotros no tanto por él sino por ti. —Ja,ja,ja,ja, siempre de mala. —Ven te acompaño al salón, toma mi brazo, me gusta presumirte, para darles envidia. —Ja,ja,ja,ja, ¿quién es el malo ahora? —Tú sabes que me encanta ser malo. Édgar Miguel me toma del brazo y así caminamos por el centro del salón, de inmediato Maicor nos ve y se dirige a nosotros. —Evaluna como siempre acaparando las miradas por donde pasa, Édgar te cuento que está mujer me hizo pasar mucha molestia, siempre que llegaba a algún sitio, todos los muchachos se volteaban a mirarla y yo me mordía los labios de los celos, ella para hacerme rabiar le sonreía a todos, te informo que era muy coqueta. —Doctor, no era muy coqueta, es coqueta aún mantenie esa sonrisa y esa mirada pícara, con la diferencia que yo no
SĀO PAULO. Sentí que me desmayaba, por un instante mi vista se nubló, la persona que estaba frente a mí no me miraba, sus ojos color avellana estaban clavados en Maicor. De pronto trato de recuperar la cordura y tratando que mi voz suene normal, le pregunto: —¿Qué haces aquí? —Vine a hablar contigo, bueno si el caballero me lo permite. Maicor está desconcertado, es evidente que el ambiente se ha vuelto tenso, el silencio es abrumador, Maicor lo mira y luego desvía su mirada hacia mí, sin saber que hacer, de pronto con voz recia, muy seguro de sus palabras le responde. —Evaluna es la que decide si desea hablar con usted, si ella le dice que no, le voy a pedir que se retire de inmediato. Tengo que hacer algo, sin conocimiento de causa es notorio la sensación de malestar que ya existe entre los dos. —Está bien, vamos a hablar, Maicor gracias por acompañarme, nos vemos mañana. —¿Estás segura? ¿Quieres qué te deje sola? —Ya la señorit
APARTAMENTO DE JUAN CARLOS. —Ahora sí todo terminó, Evaluna no me quiere, solo le bastó unos días lejos de mí para olvidarme, eso significa que nunca me quiso yo sólo fui un escape, un entrenamiento para olvidarse de Gael y lo consiguió nos olvidó a los dos ahora tiene un nuevo amor. Ahora que hago con todo esto que siento. ¡ Que raro! mi mamá me está llamando. —Hola mamá. —Hola hijo, por fin me puedo comunicar contigo. —Mamá recuerda que te dije que en mi lugar de trabajo no había señal para los celulares, sólo nos comunicamos por radio. —¿Dónde estás ahora que tienes señal? —Estoy en Sāo Paulo, te noto preocupada, ¿para que me llamas? —Primero para saber de ti, mi niño ya van varios meses sin escuchar tu voz y también por algo que me preocupa. —¿Qué pasa, te sientes mal? —Yo estoy bien, no te preocupes por eso, lo que sucede es que me encontré con la mamá de Julia, la noté muy preocupada, me dijo que ella salió de Madrid par
APARTAMENTO DE EVALUNA. —¿Qué pasó anoche? ¡Dios!, no me acuerdo de nada, lo último que recuerdo fue mi conversación con Édgar Miguel, estábamos en una video llamada, yo tomaba whisky y Édgar Miguel se estaba riendo de mí, pero ¿por qué estoy desnuda envuelta en esta bata de baño? ¡No puede ser!, ahora recuerdo que Juan Carlos estaba conmigo, ¿será que dormimos juntos?, ¡madre santa! no recuerdo nada, qué dolor de cabeza tengo. Me huele a café y proviene de mi cocina, ¡Dios!, qué no sea lo que estoy pensando. —Buenos días amor, ¿ya te despertaste? —¿Qué haces tú aquí? ¿Cuándo llegaste? —Yo no me he ido. —¿Tú dormiste aquí? —Si. —¿Dónde? —Por supuesto que contigo, no es la primera vez que lo hago. —Juan Carlos, no juegues conmigo, ¿nosotros dormimos juntos? —Si, en la misma cama, en este apartamento sólo hay una cama y el sofá, yo lamentablemente no entro en ese sofá, es muy chico. —¿Qué pasó entre nosotros? —¿Tant
SĀO PAULO. —Muy bien Evaluna ya tú lo decidiste, lo nuestro se terminó, perfecto no te ruego más, así sienta que me estoy desgarrando por dentro no pienso buscarte más. Me voy de este apartamento y no regreso más. Tomo mi abrigo que ya está seco, abro la puerta cuando me tropiezo en la entrada con Édgar Miguel. —Buenos días. —Buenos días, tú eres Juan Carlos, por fin te conozco en persona, ¿puedo pasar? —Sí claro, igual ya me iba, pero te informo que Evaluna no está. —¿Cómo que no está? —No, se fue a desayunar con un tal Maicor. —Ya va, ya va, que no entiendo, te dejó aquí y se fue con Maicor. —Así mismo es. —Amigo, bueno tú aún no eres mi amigo, pero si soy como un hermano de la mujer que nos tiene loco a los dos, por razones distintas por supuesto. Ya veo que te ibas, antes me gustaría hablar contigo, nos podemos sentar, ya veo que hicieron café, si no te importa déjame tomarme un café. Ahora sí, ven siéntate aquí
CUBARÁ: —Oye jovencita, ven acá, acércate que quiero hablar contigo. —¿Conmigo? —Si contigo, quiero proponerte algo. —Dígame señorita Julia. —Me gustaría que me ayudaras en algo, eso sí, tiene que quedar entre las dos, no quiero que lo comentes con nadie. —Como usted diga, nosotras las mujeres de este pueblo somos honestas, en realidad aquí no hay secretos que guardar. —Bueno en realidad no es un secreto, más bien quiero que me prestes tu ayuda, pero no quiero que se lo comentes a nadie, por eso te voy a pagar muy bien, me he dado cuenta que te gusta mi cadena, cada vez que nos topamos tu mirada se va hacia mi cuello, ¿te gusta mi cadena? —Sí, es muy bonita. —Entonces tómala, es tuya. —No, no la puedo aceptar, es muy costosa, que voy a decir cuando me la vean. —Guárdala, no te la pongas si no quieres que te la vean, guárdala por si algún día te quieres ir de aquí ella te va a servir para que te mantengas por un tiempo, como
BRASIL: SÃO PAULO. Vaya sorpresa que le quiero dar a Gael, él no me espera hoy, pero decidí venirme un poco antes de lo previsto, aún tengo mucho trabajo por hacer, pero se acerca la fecha de la boda y esto también necesita mi atención, aún tengo tantas cosas que comprar, no quise llamarlo para avisarle de mi llegada, mejor le doy la sorpresa, sé que le va agradar verme. —Aló mamá. —Evaluna, ¿vas a ver a Gael? —si, voy para su oficina. —Llegaste tan de sorpresa que no me ha dado tiempo de hablar contigo, ya sé que hoy es imposible hacerlo, lo más seguro es que esta noche te quedas con tu prometido, pero mañana no pueden faltar a un almuerzo acá en la casa, dile a tu novio que deje a un lado sus negocios y venga un rato a compartir con nosotros, además tenemos un invitado. —Está bien, lo voy a convencer para que esté conmigo en el almuerzo. —Hasta luego hija, me saludas a mi yerno. —Hasta luego mamá. Sólo faltan tres meses para mí boda