Corrí sin mirar atrás hasta que los murmullos desaparecieron. Sentí mi cuero cabelludo quemarse y mi rostro arder. Me costaba mantener los ojos abiertos por las lágrimas involuntaria que brotaban. El dolor se mezclaba con la impotencia y la humillación, haciéndome sollozar descontroladamente. ―Ven conmigo ―Esa voz, la reconocía. No podía verlo bien. Me tomó de la mano y dejé que me guiara. Era un mar de lágrimas. Pasamos varias puertas. Me estrujé los ojos y pude ver al hombre que me ayudaba. Era Carlos, el pasillero. Recorrimos los pasillos del área de empleados. Cada empleado que nos veía pasar nos perseguía, preguntando sobre mi estado e intentando ayudar. ―¿Qué le pasó a la pobre? ―¿Adónde la llevas? Siéntala aquí. Nosotras la tratamos ―exigió una señora. Los gritos aumentaron. ―¡De acuerdo, de acuerdo! Es toda suya, pero tengan cuidado. La señora Katherine le echó encima moca latte caliente ―dijo Carlos. ―¡Esa vieja bruja! ―exclamó una mujer de gran
―¿Qué mierda? ―Escuché la voz de Derek a lo lejos. Fui por el pasillo indicado y para mí suerte, solo tenía una puerta a pocos metros de distancia. Tiré de la perilla y no cedió, me golpeé de frente con la puerta. ―¡Rayos! ―¿En serio pensaste que iba a dejar la puerta trasera abierta cuando tienes impulsos escapistas? ―habló Derek, acercándose con lentitud. Estábamos en medio de un pasillo estrecho, donde mi única salida era volver sobre mis pasos. Sin embargo, había un hombre pelinegro de ojos grises y un metro noventa que me bloqueaba el camino. Me mantuve en modo de ataque, buscando un punto ciego entre sus extremidades. Se detuvo a la mitad del pasillo y extendió sus brazos. Me sonrió con malicia, viéndome como si fuera un conejo enfrentándose a un lobo. ―Ven. Intenta escapar si puedes. Tragué grueso. Me movía de izquierda a derecha en aquel estrecho pasillo, observando mis pequeñas posibilidades de libertad. ―Eres despreciable. Antes de que
Toqué algo cálido y duro. Los párpados me pesaban. La noche estaba fría y las cobijas tibias. Mi mano examinaba la zona caliente y firme. ―Si bajas un poco más me provocarás una erección ―dijo una voz adormilada. Abrí los ojos de golpe. Derek estaba acostado a mí lado, con los ojos cerrados y el pecho descubierto. Mi mano descansaba sobre su abdomen entrenado. Por impulso, lo golpeé justo en esa muralla de rocas llamada abdomen. ―¿Qué haces aquí? ―grité, con el corazón a mil. Me senté en la cama mientras él se doblaba de dolor. ―Tienes la mano pesada, maldición ―Se quejó, recomponiéndose con rapidez. ―Dijiste que dormirías en la habitación reservada ―reclamé. ―Sí, pero apenas que anuncié que te quedarías aquí por el día de hoy, misteriosamente, Carlos pidió hacer doble turno. ―Tal vez necesita el dinero con urgencia ―dije con seriedad. Me tomó de la muñeca, estrechándome contra su cuerpo. No llevaba sostén, solo un camisón de seda. Por lo cual se sen
Su lengua allanó mi boca, jugueteando con ella, causando hormigueo a lo largo de mi cuerpo. Mis pulmones suplicaban por oxígeno, el vello se me erizó y la piel me ardia como candela. La rabia me inundaba las venas, el odio corroía mis huesos, y aún así, le estabacorrespondiendo el beso. No tendría mucha experiencia en los besos con lengua, pero hacía mi mayor esfuerzo por dominar ese territorio desconocido para mí. Sus labios bajaron por mi cuello, chupando y lamiendo. Mi pecho subía y bajaba erráticamente, en busca de oxígeno. Él no parecía estar sin aliento pese al desespero en sus movimientos. Era como si besar mi piel fuese lo que necesitase para sobrevivir. No estaba segura de que hacer con mis manos, dónde ponerlas. Pero quería experimentar. Siempre fui una curiosa reprimida. Y tenía la oportunidad frente a mis ojos. Por fin podía sentir el cuerpo masculino con libertad, la textura, la forma, la calidez de su piel. El único problema es que era Derek; el mismo hombre que s
―¿Eres virgen? ―repitió ante mi silencio. Solo podía pensar en mi adolorida vagina y la rara sensación que dejó ante su salida de mi canal.―Erika, ¿eres…?―¡Joder, sí! ―dije histérica.Mi mente estaba ocupada con el hecho de que me dejé lastimar para saber cómo se sentía ser penetrada. El rostro de Derek fue de la confusión a la emoción. Las comisuras de su boca se levantaron. Me ofreció una sonrisa genuina, la más sincera que he visto hasta ahora. Algo parecido al alivio cruzó su rostro. Fruncí el ceño. Me disgustaba que supiese que soy… era virgen. Lo último que necesitaba era que ese pretencioso hombre se haya llevado mi pureza y eso alimentara su orgullo masculino. Este hombre me quería solo para él. había demostrado su molestia ante la idea de haber sido poseída por otro hombre. Lo cual considero hipócrita porque el hobby de este tipo era desvirgar mujeres y luego desvincularse de lo sucedido. Pensándolo mejor, temo que haga lo mismo conmigo. Hoy tendremos sexo, pero ¿mañan
Ambos estábamos en nuestros respectivos lado de la cama, en silencio, despiertos.Después de sexo mezclado con odio e inexperiencia, ¿qué sigue? Acababa de permitir que el hombre que proclamé odiar y que me obligó a convertirme en una mujer casada, tomara mi virginidad.―¿Es igual con las otras chicas?―¿A qué te refieres?―¿Llega a ser doloroso? Mi zona intima palpitaba y sufría estragos tras el vacío del miembro de Derek.―Algunas sí, otras no. Depende de la mujer ―Su mano fue a mi vientre, acariciando el área. Me esforcé por ignorar el hormigueo que me provocaba su toque.―Lleva mucho trabajo estar con una mujer sin experiencia, ¿por qué lo prefieres? ¿No es mejor estar con una mujer experimentada con la que no debas limitarte? Colocó el codo en la cama y afincó la cabeza sobre la mano, soportando el peso.―Yo no diría que lo prefiero, solo me gané la mala fama porque estuve con las candidatas a esposa que me presentaban mis padres. Lo hacía porque sabía que eso haría enfadar a
Verbalmente, no acepté ni me negué a nada. Simplemente no respondí. Sin embargo, lo había seguido al coche luego de despedirme de Chika, Musa y Alika. Derek lucía aliviado, inclusive complacido, pero no dijo ni una palabra. No sé burló, no ofendió, ni siquiera habló en todo el camino. Es como si supiese que la más mínima acción y oración podría hacerme retroceder. Siempre quise disfrutar mi vida sexual, mi juventud, sentirme deseada. Y por más que me costaba admitirlo, Derek estaba cumpliendo con ese rol. La ginecóloga me hizo varias preguntas sobre mi menstruación, alimentación, alergias, antecedentes médicos y finalmente, mi vida sexual. La doctora se impresionó al enterarse que apenas inicié mi vida sexual el día de ayer, con mi esposo. ―¿Usaron algún método anticonceptivo? ―preguntó la doctora, las arrugas adornaban su rostro. ―En el momento no… ―Admití con vergüenza. Era una mujer de casi treinta años y me dejé llevar por la calentura, olvidándome de usar algún
―Mucho gusto, soy Erika Stone ―dije mi apellido de soltera, porque no me lo había cambiado. Y sería contraproducente hacerlo cuando dentro de un año nos divorciaremos. La joven llamada Dakota volvió asentir con su cabeza. Tomó una nota pegada a su escritorio y me la mostró. “Mi nombre es Dakota, un placer conocerte” decía la nota. Ladeé la cabeza. Volvió a poner la nota en su lugar y agarró otra diferente. “Soy muda, pero puedo responderte a través de una aplicación del celular” ―Oh, oh, entiendo ―dije con prisa, avergonzada. Me puse a pensar en que clase de expresión habré puesto cuando me enseñó las notas, espero que no piense que la estaba juzgando ni discriminando. Dakota me sonrió como si mi actitud fuese predecible, como si fuese la parte más graciosa de su día a día. Me entregó una hoja tamaño carta, estaba escrita a mano y llena de colores. Se veía vivaz. Leí el encabezado: información detallada de las tareas que debes desempeñar. Se notaba que