Pov Kian Bajé sacando mi látigo, dispuesto a acabar con todos aquellos que van por los míos, por todos aquellos que derramaron sangre de los míos. Portales de arena se abrieron alrededor de la ciudadela, mis generales saliendo primero, seguidos por sus guerreros. Lancé el látigo al primer troll que se acercó para querer darme con su mazo y, en segundos, su cuerpo fue dividido en dos. —Ve por ella, ve y protégela a ella—grité, golpeando a los otros dos que se acercaron a mí para ir directo por mi cabeza. A través de la batalla con estos monstruos, vi a mi escorpión correr hacia el palacio. Empuñé de nuevo el látigo para convertirlo en una espada cuando sus hojas se apilaron una encima de la otra. La blandí cortando la piel dura hasta que arranqué sus extremidades. Más allá de nosotros vi a varios niños cargando a sus pequeños escorpiones para huir de uno de los trolls. —Líder… Señalé una casa y corrieron hasta encerrarse. Me llevé a este también, otro gran cuerpo ocupando las
Pov Keira Poco después, lanzaron a su Reina a los pies. Pensé que estaba muerta, aunque tampoco es que estuviera en buen estado; esa pequeña mujer frágil casi la mata. —Rey Bastian—, y con eso lo confirmó—, por favor, tenemos una alianza. No puede venir e invadir nuestro Reino. —¿Alianza, dice?— su voz ronca me sacudió la espina. Alba prácticamente se escondió al oírla. —Que yo sepa, no la hay, así que puedo tomar su Reino si bien me place, y como me place, lo haré. Sacó sus garras, listo para rebanarle el cuello, y de la nada apareció la concubina que fue ahogada en ponche, toda desnuda, mostrando su perfecto cuerpo ante el gran Rey de los lobos. «Trepadora, ojalá no la tome como concubina, porque es un dolor de cabeza». Mueve sus caderas de una forma en la que sus nalgas y senos rebotan. Esta mujer no tiene vergüenza. —Mi Rey, yo me ofrezco en sacrificio. Déjelo con vida; le es más útil para que lo ayude a conocer todos los secretos de su Reino. Además, yo también le p
Pov Ethan La miré dormir como un fantasma estas largas horas, grabando en mi mente cada detalle, cada respiro, como un maldito obsesionado que encontró su mejor tesoro. Trazo con suavidad sus cejas, siguiendo el camino hasta sus mejillas. Recorro con mi dedo su nariz pequeña y delgada, bajando hasta esos labios rosados que ya muero por probar. No sé cómo pude en algún momento querer rechazarla, incluso conocerla, porque ahora que la tengo entre mis brazos, durmiendo tranquilamente, no pienso dejarla ir jamás. «Por idiot4s», rugió Anouk, tan embelesado como yo, mirando a nuestra hembra. Acerco mi nariz hasta su cuello, ese punto donde dejaré mi marca en algún momento. Aspiro su delicioso olor que antes no pude percibir por la porquería esa que le dieron de tomar. Rocío de la mañana y menta. Mi pecho vibra ante el gruñido que dejo salir, aspirando el más exquisito aroma. Aprieto más su cuerpo al mío, teniendo cuidado de sus heridas. Ella se remueve, pegando todo su trasero,
Pov Ethan Primero enlacé a alguien para que dejara una muda de ropa fuera de la habitación; no iba a desnudarme frente a ella para cambiarme. Primero está su comodidad y nada más. «Ya dame, apúrate que ando ansioso». «No la abrumes, Anouk; no asustes a nuestra hembra». Dejé que tomara el control. La habitación se llenó del eco de mis huesos rompiéndose hasta que emergió mi Lycan, llenando el pequeñísimo espacio. Tuvo que mantenerse agachado; de lo contrario, abriría un enorme agujero sobre nosotros. Miedo, eso fue lo que olimos en ella en un principio, y lo entendí. Podemos ser la última evolución de los lobos, pero eso no quiere decir que seamos atractivos. ***** Pov Keira Ver el cambio del príncipe es… simplemente irreal. Aunque, si lo comparo con el cambio de mi madre y de mi padre, no parece tan espantoso. Ellos se convierten en grandes dragones y no pregunten cómo caraj0s, porque no lo sé, pero ver el cambio de los lobos es fascinante, hasta que vi este. Sentí miedo,
Pov Keira Me vestí en tiempo récord mientras estaba atenta a cada movimiento y respiración de mi compañero. Sí, ese con el cual dormí y me dejé lavar bien la conciencia con la lengua de su Lycan sin saber si quiera su nombre. ¡Qué barbaridad! Salí de allí mirando los primeros rayos del sol; el lugar aún era un total desastre, con destrucción por todos lados, y eso se debe a los dos dragones muertos que ahora andan por allí. Caminé en medio de algunas miradas curiosas y, por lo que Alba me dice, son lobos, supongo que custodiando a la gran bestia más allá, con miedo a que los incinere o algo. —Hola, chica, vamos, quisiera dar un vuelo matutino para pensar algunas cosas. Me subí sobre su lomo, al que tengo que buscar la forma de hacer un asiento porque su piel áspera maltrata. Nos elevamos sobre las nubes blancas, los rayos de sol acariciando mi piel mientras la suave brisa me invade de calidez. Hay demasiadas cosas pasando ahora en mi vida; no digo que me tengan confundida, sol
Pov Juliette Había despertado hace algunas horas en una jaula; eso es lo que era para mí. Los barrotes son todas las paredes y es lo que me ha permitido ver la cantidad de personas y escorpiones que me rodean. ¿Cómo pasó esto? ¿Kian estará bien? No trajeron a todos, solo a algunos, tal vez los más vulnerables. La pregunta es: ¿para qué? Intenté llegar a mi loba, Dara, pero estaba totalmente inconsciente y sospecho que tiene que ver con algo que me dieron. Con las manos encadenadas, mi cuerpo desnudo y magullado, me arrastré por el suelo lleno de cosas asquerosas, abriendo incluso mi piel para tomar los barrotes. El escorpión se acercó al verme mientras yo analizaba sus heridas. Parecía estar bien, excepto por algunos cortes y la falta de una de sus pinzas. Se acercó aún más, lo suficiente para poder estirar mis manos y tocar algunas de sus patas, que era todo lo que podía alcanzar. —Estaremos bien, lo prometo. Buscaré la forma de sacarlos de aquí. Lo haría, Diosa. Me llegué a
Pov Juliette Los primeros dos se lanzaron hacia mí pensando que me atraparían fácil. Esquivé sus manos empuñando las mías para dar en puntos exactos con la presión necesaria. Una tras otra fue cayendo mientras mi cuerpo se llenaba de heridas y mi propia sangre. Me rodearon mientras ahogaba al más grande con las cadenas, montada sobre sus hombros. Mis fuerzas querían ceder, las heridas no dejaban de sangrar y sería poco tiempo para que no lo pudiera soportar. Pero antes, me llevaría a este cavernícola súper desarrollado. Apreté con fuerza los dientes, tirando de las cadenas hacia atrás. Mis piernas tenían heridas graves por las manos del hombre que intentaba sacarse a toda costa a la pequeña mujer vulnerable, capaz de romper como una ramita (dicho por él). Cuando por fin dejó de luchar y su cuerpo se enfrió, lo solté, con una enorme sonrisa brillante por mi victoria. Me daba igual el resto que esperaba por capturarme; me había llevado al hijo de puta que quería. Antes de ser ar
Pov Kian Oigo murmullos a mi alrededor, sonidos que no entiendo y un olor desagradable a algo. Puntos de luz saltan en la oscuridad de mis ojos; puedo sentir cómo todo gira a pesar de que no me muevo sobre la superficie blanda en la que estoy. Cada centímetro de mi cuerpo duele como si lo hubiesen roto en miles de pedazos, y eso me trae recuerdos de que así fue. Intento levantar la mano y todo lo que apenas logro es mover un solo dedo. —Líder Kian, no se esfuerce. Tengo que, Juliette me necesita; debo ir a buscarla y sacarla de aquel lugar. Después de mucho esfuerzo, abro los ojos para ver en dónde estoy. Todo está lleno de plantas que cuelgan del techo, las paredes y de algunos estantes. A mi lado está la chamana y mi mano derecha. —Kian, gracias al cielo, pensé que ibas a morir. Hice un esfuerzo para levantarme y me detuve al sentir el desgarrador dolor entre mi pecho y mi pierna. —Nada de eso, aún estás débil. Es un milagro que sigas con vida. Te encontré en u