CAPÍTULO 56
La brisa golpeó con fuerza la piel de su cuerpo, lo que hizo que Cristal abriera los ojos lentamente tras haberlos cerrado. En ese instante, Kogan y Rax la sujetaron y la ubicaron sobre sus hombros mientras se adentraban en el inmenso bosque.

Ella observó cómo, en pocos segundos, la destruida guarida del lobo desaparecía de su vista. Esto la hizo exhalar un gran suspiro de alivio, comprendiendo que había logrado calmar a su pareja y que nadie más resultaría lastimado.

De no haber sido por aquella misteriosa voz, no se habría atrevido a acercarse, y todo habría sido diferente. En ese momento, el ritmo veloz de los pasos de su pareja aumentó. Ella se aferró con fuerza, creyendo que en cualquier momento caería, pero los grandes brazos del alfa la sostuvieron contra él, como si fuera un niño pequeño en los brazos de su madre. Fue entonces cuando Cristal pudo sentir su vínculo. No podía ver sus grandes facciones, pero lo sentía más relajado, lo que la llevó a preguntarse: ¿Por qué no había
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