54SerenaEstaba entrando a mi oficina esa tarde para buscar unos documentos cuando vi una figura alta e imponente esperándome. Tragué grueso.—Tío Nicolás… ¿qué haces aquí? —saludé, tratando de recomponerme.Él me dedicó una mirada fría y cortante.—¿Me puedes decir por qué, después de seis meses, aún no eres la Luna de esta manada? —me pregunta con irritación— ahora esa esclava rebelde regresó ¿Qué harás?Apreté la mandíbula.—Tío… Ahora Cerverus no me quiere ver, y Magnus se pone agresivo. Ha habido muchos en la manada que han terminado golpeados o, peor aún, en coma, solo porque Magnus los escucha hablar mal de esa maldita esclava —le di una excusa muy convincente.—Ese no es mi problema —espetó con dureza—. Si no te apuras, vamos a estar en problemas. La farmacéutica necesita una inyección de capital, así que drógalo, mátalo, amárralo… haz lo que te dé la gana, Serena, pero haz algo.Su amenaza me cayó como una losa, pero yo ya había intentado todo.—La droga no funciona si no pu
55EvaAmbos hombres me veian atonitos, casi como si no creyeran que yo estaba alli tan furiosa que podria matar a alguien.—¿Serena? —preguntó Orión.Mis ojos se fijaron en él y dio un paso atrás.—Búscala o dime dónde encontrarla —dije de malos modos.—Ya no vive en la casa de la manada, está en su mansión… ¿Me vas a decir qué sucede? —cuestiona Magnus perdido. Le lancé la carpeta directo a la cara.Su enojo por mi acto se transformó en desconcierto, y luego en asombro cuando vio lo que contenía.Me di media vuelta y caminé directo a la mansión Riverwood.—Esto me lo vas a pagar, perra. —murmuré con paso decidido mientras escuchaba la explosión de palabras tras de mí.El temperamento de Magnus había estallado detràs de mì y, por primera vez, no estaba allí para calmarlo.Mi objetivo era otro.Menos de diez minutos de caminata no hicieron nada para calmar mi rabia. Si acaso, la avivaron.Este odio, que había hervido a fuego lento por más de una década, ahora era odio con sed de veng
56EvaLa miré con todo el odio que sentía en mi interior. Si bien no podía matarla sin un debido juicio, sí podía hacerla sufrir un poco.La incredulidad en el rostro de Serena era digna de ser inmortalizada. El entendimiento de que Magnus la había abandonado se instaló en su pecho como un puñal, y la misma certeza se reflejó en los ojos de todos los presentes.Mis guerreros me observaban con preocupación, pero la manada… La manada me miraba como si me notaran por primera vez, después de años y años de condena de su parte. Les devolví la mirada fría y hueca que ellos mismos ayudaron a moldear.—Lo… siento. No debí… —balbuceó Serena.—Las disculpas llegan tarde —la corté de inmediato—. Mis hijas están marcadas por ese incendio, y alguien debe pagar.—No hubo víctimas fatales —intervino Nicolás, el tío de Serena.Lentamente, giré la cabeza hacia él y le dediqué una mirada gélida.—Nadie pidió su opinión, señor Riverwood.—No puedes hacer esto —refutó Olga Riverwood.Mi ceja se alzó con
57EvaNo le di una respuesta. Me zafé de su agarre y me fui de allí sin mirar atrás.Cuando llegué, Orión y Liam me esperaban en la entrada.—¿Qué harás con ella? —preguntó Orión con cautela.—Un juicio. Ya lo dije.—Sabes que es la heredera de la farmacéutica más grande del mundo —me recordó, y me detuve en seco.Giré levemente el rostro y levanté una ceja con una sonrisa que no tenía ni un ápice de calidez.—¿Entonces por eso debe salir de rositas mientras marca a mis hijas?—No es eso lo que quise decir…—Ve a descansar, Orión. Ya es tarde —le corté antes de que siguiera.Él asintió, entendiendo que estaba cruzando un límite peligroso. Mis hijos eran mi punto de inflexión.Cuando se marchó, Liam habló por primera vez.—No la vas a dejar así no más, ¿verdad? —dijo en voz baja—. Dañó a las princesas.Le sostuve la mirada con calma y luego sonreí de lado antes de darme la vuelta para caminar hacia las celdas. Liam me siguió como una sombra silenciosa.Los guardias nos dejaron pasar s
58Magnus—Se desmayó, Alfa —dijo un guerrero con urgencia.Me acerqué de inmediato, observando el cuerpo tendido en el suelo. Algo no estaba bien.—Llévenlo al hospital —ordené con firmeza, pero no me aparté.—Magnus... no está sanando —la voz de Eve llegó hasta mí, tensa, preocupada.Fruncí el ceño y me incliné, inspeccionándolo de cerca. Era cierto. A pesar de su regeneración, la herida permanecía abierta, supurando un líquido oscuro. Y lo peor...El olor.Dulce, pero químico. Veneno.—¡Llévenlo de inmediato! —gruñí, perdiendo la paciencia.—Luna Eva, podemos ayudar —dijo un hombre a mi espalda.Me giré y encontré a uno de sus guerreros mirándome con seriedad.—Es cierto, son los mejores rastreadores —afirmó Eve.Si Eve lo decía, entonces era verdad.—Vamos —dije sin dudar.Un anciano se acercó y me entregó las riendas de un caballo. Los carros no podían atravesar esta parte del territorio, así que cabalgar era la única opción. Extendí la mano hacia Eve, esperando que la tomara.Du
59EvaEl alfa de la manada Polvo de Luna estaba muerto. El consejo ya estaba en camino, y mientras esperábamos noticias del médico, un peso denso se instaló en mi pecho. No era nuestra jurisdicción, pero algo en mi interior me decía que esta muerte y la desaparición de Sofía estaban conectadas. —No me gusta esto —murmuré, frotando mis brazos, intentando disipar el frío que no venía solo del clima. Magnus, a mi lado, me observó en silencio por unos segundos antes de dar un paso más cerca. Su calor era una presencia innegable, una tentación que no debía permitirme sentir. —A mí tampoco —respondió en voz baja—. Pero lo resolveremos. No respondí. No quería admitir que estaba preocupada, no solo por la niña, sino por la sombra oscura que parecía envolverlo todo. —¿Por qué desapareció así? —pregunté en un susurro, casi para mí misma. —No lo sé —su voz era tensa, como si odiara no tener respuestas—, pero la encontraremos, Eva. No estaba segura de si hablaba de Sofía o de otra persona
60CedricYa había prometido llevar a mis sobrinas con mi hermana. No podía fallarles ahora.—¿Cómo puedo echarme atrás después de prometerlo? —dije mientras guardaba lo último en mi bolso de viaje.Mi madre me observaba con los brazos cruzados, pero sus ojos reflejaban comprensión.—Te entiendo —dijo finalmente—. Ve, yo me encargo de tu padre.Asentí y continué empacando, pero antes de que pudiera cerrar la maleta, ella habló de nuevo, con un tono más suave, casi ensoñador.—Mis princesas nunca habían estado tanto tiempo lejos de Eva.Hice una pausa. Era cierto. Por mucho que mis sobrinas fueran niñas fuertes y vivaces, Eva siempre había sido su pilar.—Sí… y por lo que me dijo Liam, parece que ese Alfa dañó las camionetas. —Lo mencioné con aparente tranquilidad, pero observé de reojo la reacción de mi madre.Ella tensó los labios y sus ojos se oscurecieron.—¿Crees que quiera recuperar a tu hermana?La preocupación en su voz era palpable. Llevábamos poco tiempo compartien
61CedricLos guerreros llegaron poco después, ayudándome a cargarla hasta el auto. Mi mente estaba en otro lugar, preocupada por la fragilidad de su cuerpo contra mi pecho. No debería estar así. No debería seguir herida.Pero no encontré respuestas.Solo tenía preguntas.Antes de irnos, me aseguré de que mis sobrinas se quedaran en el auto mientras me dirigía a un río cercano. Necesitaba limpiarme la sangre de los renegados antes de volver con ella.El agua fría bajó la fiebre de mi piel.Pero no la inquietud en mi pecho.Cuando terminé, me vestí adecuadamente con ropa que los guerreros trajeron para mí. No más pantalones apretados. Agradecí en silencio y regresé al auto, donde ella yacía inconsciente en el asiento trasero.Con movimientos cuidadosos, tomé un paño limpio y comencé a limpiar su rostro y sus brazos con delicadeza. Sus rasgos eran suaves, su piel pálida y perfecta, aunque ahora estaba manchada de sangre y suciedad. Cada línea de su rostro me parecía una obra de arte.No