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Capítulo 3

Al cabo de unos días Francisco fue en busca de los resultados de los análisis y lo que encontró en ellos lo dejo de nuevo anonadado, sería padre, no, más bien serían padres, algo feliz, emocionado y preocupado se dirigió a casa de Isis, estaba más que decidido ese medio día para pedir la mano de su novia, no hacía falta preguntarle de antemano, Isis sabría el porque estaba pidiendo su mano, con este gesto ella confirmaría que estaba en espera de un bebé y que no podría seguir más en casa de sus padres ocultando su estado.

-¡Vaya muchacho! – exclamó su suegro sorprendido – pues yo no soy quien puede darte esa respuesta. Solo te diré una cosa Francisco – está vez su voz se había tornado seria – sabes que de ahora en adelante las cosas serán diferentes ¿verdad? Tendrás una casa y una esposa que mantener y sobre todo ¿dónde van a vivir? ¿tienes casa?

-Tengo una habitación, pero está semana buscaré algo más.

-Sé que eres una buena persona, pero eres más humilde que yo y sé que será difícil para ti y para ella en un principio, pero deben de saber aguantar las circunstancias de sus nuevas vidas y de sus decisiones.

-Lo sé señor, lo sé.

Isis acepto casarse y se casaron apresuradamente en el registro civil, Francisco busco un nuevo lugar para rentar, está vez era un cuarto más grande y menos deplorable, pero la renta era un poco más elevada, Isis seguiría trabajando para tener el dinero suficiente para la renta y los gastos que vinieran con el bebé, pero por suerte tenían seguro y daría a luz allí, así que el alumbramiento no les costaría.

Isis y Francisco utilizaron sus pocos ahorros para comprar las cosas más indispensables, como por ejemplo una mesa con dos sillas, una parrilla para cocinar y una cama, con ese poco mobiliario se les había ido el poco dinero que tenían, pero por lo menos se habían salvado del enojo de los padres de Isis, al menos por un corto tiempo.

Aunque no tardaron mucho en darse cuenta de porque se habían apresurado a casarse, cuando tenían tres meses de casados ya Isis tenía el vientre un poco abultado, casi tenía ya cinco meses y aunque era delgada el pequeño abultamiento era notable en su siempre estilizada figura.

 Por su puesto que sus padres le recriminaron que les hubiese mentido y ocultado la verdad, tan indignados se sintieron que dejaron de hablarle por unos meses, su padre le había dicho que si Francisco no se hubiera hecho cargo de la criatura, ella estaría dándole preocupaciones y gastos a ellos.

Isis trabajo como siempre hasta que su estado ya no se lo permitió más, le mandaron a casa a los ocho meses y allí se quedó tomándose un breve descanso, pero no fue realmente un descanso ya que su panza no le permitía estar en muchas posiciones cómodas, al estar en su noveno mes dormir en las noches era difícil, además de que estaba sola por las noches y aunque ya se hubiera de cierta manera a acostumbrado, extrañaba el consuelo de Francisco.

Su madre aún seguía un tanto molesta con ella, así que no tenía con quién quejarse y aunque su amiga María fuese a visitarle, esta aún no pasaba por lo que Isis estaba pasando, era soltera y sin nada de que preocuparse, de pronto Isis se encontró deseando volver a ser soltera y no estar en cinta ahora que se acercaban los días de dar a luz, tan solo la idea le daba miedo y no había nadie con quien contar y le dijera que debía hacer cuando llegara el momento.

Isis dio a luz a una niña el primero de enero de mil novecientos noventa y cinco, nació por la mañana el día uno del año nuevo llorando a todo pulmón en el seguro social, la bebé había nacido pequeña pero saludable, por eso por la tarde tras dar a luz por parto natural Isis pudo volver a casa con la pequeña en brazos, Francisco estaba feliz, pero al mismo tiempo no sabía cómo sería la experiencia de ser padre por primera vez.

Cómo era normal en los bebés recién nacidos lloraba cuando tenía hambre o se hacía del baño en sus pañales de tela, no alcanzaba para los desechables contaminadores del mundo y ahorrador de trabajo para algunas mujeres y padres de familia que podían permitírselo o bien, para aquellos que eran tan perezosos que preferían gastar dinero en pañales desechables que en comida, solo por no tener un trabajo extra que hacer.

A los dos días fue bautizada con el nombre de Leslie Pena Macedo, sus abuelos a pesar de ser reacios en un principio por como ocurrieron las cosas de matrimonio con sus padres al ver a la pequeña menuda y larguirucha, se sintieron completamente llenos de amor por ella, el enojo que tuvieran en un principio se esfumó en cuanto vieron a Leslie.

Para suerte de sus padres Leslie no era tan latosa, Francisco ahora tenía el turno de día puesto que lo había cambiado por Isis, él había tenido miedo de que ella rompiera fuentes por la noche y que no hubiera nadie para ayudarle, que le pasará algo malo en su ausencia y perdiera a las dos personas que amaba. 

Mientras que por otro lado los abuelos paternos no tenían la posibilidades de visitar a su nieta, estaban a más de ocho horas de viaje para ir a conocerla y sobre todo no tenían el dinero suficiente para comprar boletos de autobús, mucho menos ahora que Francisco había dejado de mandarles, ellos estaban informados de la vida de su hijo a través de cartas y habían conocido a su sexta nieta a través de una fotografía que Francisco les envió junto a sus letras.

Cada mes Francisco fue enviando una fotografía en cada carta que les escribía a sus padres, quería que tuvieran presente a su hija como el resto de los demás nietos, pero en la distancia y sin conocerla difícilmente podrían crear un lazo.

Cuándo Leslie cumplió cuatro meses decidieron que ambos debían trabajar, la renta había subido al igual que todo lo demás y Francisco aunque se matara casi del diario haciendo turnos extras no se veían muy desahogados y para colmo Leslie había pescado una gripe, el seguro no tenía los medicamentos que la pequeña requería, teniéndolos que comprar, dejándolos sin nada en los bolsillos, por otro lado no podían conseguir un préstamo porque ya habían pedido uno para comprar algunas cosas necesarias en casa y no querían verse hundidos en los intereses, por eso consideraron que Isis trabajaría por lo menos un tiempo en lo que salían a flote de la pequeña crisis que estaban pasando.

Pero al decidir esto había un pequeño y gran problema a la vez ¿Qué harían con la pequeña Leslie? Tras verse en ese pequeño y gran lío, Isis debía permanecer en casa, debían encontrar una guardería para ella lo más pronto posible y lo hicieron dos semanas después, muy temprano Leslie estaba siendo dejada en la guardería por sus padres pero a eso de las dos de la tarde su abuela iba a por ella, para llevársela a casa en lo que sus padres salían de trabajar y pasaban por Leslie.

Mientras que por un lado había gente humilde, por otro lado estaba la gente rica, acomodada, millonaria, aquellas que no sabían que hacer con el dinero y se la pasaban haciendo una y mil tonterías a la vez, perder un poco de dinero era como arrancarle un pelo a un gato y ya ven cuánto pelo tienen los gatos ¿alguna vez se han puesto a contarlo? No. Yo tampoco y no creó que lo haga, se me hace que tienen millones, sí, igual que muchas personas y creo que el dinero está mal repartido, sumándole que hay muchas personas que no lo saben aprovechar y lo gastan en estupideces.

 Creo que muchas veces de ahí depende la pobreza de algunas personas, no todas nacieron siendo pobres, muchos tuvieron posibilidades pero las desperdiciaron en cosas simplemente descabelladas y sin lógica alguna que solo tuvieron forma dentro de su cabeza hueca. Sí, de esas personas existen un montón.

Gretel Sandino Sáenz nació el primero de diciembre de mil novecientos noventa, en un hospital privado, con las mejores atenciones de los doctores y enfermeras, su padre tenía una agencia de modelos y además se dedicaba a la publicidad, todo lo que generara dinero era importante para él, por eso cuando nació su primogénita y única hija no estuvo presente, él dijo estar de viaje cuando la realidad era que estaba con su amante, una mujer quince años más joven quien le entretenía casi del diario, gastando su dinero en ella y él podía permitírselo.

Josef tenía casi cuarenta y ocho años cuando por fin pudo concebir a su primer y única hija, después de varios intentos fallidos con su esposa Antonella, mujer de su misma edad  y proveniente de una familia acaudalada, pero a pesar de su estatus y de visitar a doctores y más doctores para un tratamiento de fertilidad, ninguno había podido hacer que ellos fueran padres y esto trajo descontento por ambas partes, haciendo que un día dejarán de preocuparse por buscar un hijo.

Abandonado todos los tratamientos de fertilidad, un día de ligera embriaguez entre los dos, el milagro ocurrió, pero desgraciadamente su relación estaba fría, sin embargo h**o una ligera alegría por saber que al fin sin buscarlo tanto esperaban un bebé.

Antonella era la más feliz, se olvidó de su relación muerta con Josef y lo dejo a su aire, sabía que nunca se divorciarían porque para él, el divorcio representaba una derrota, que sería un bobo que no había sabido mantener cerca a una mujer, eso jamás pasaría y Antonella lo sabía, a pesar del amor que aún sentía por él, ya nada parecía serle suficiente a Josef, él quería un cuerpo joven, deseaba a otras mujeres pero ya no a ella, con ella solo asistía a las fiestas de sus amigos y conocidos, además de las reuniones relacionadas con el trabajo de Josef, pero por lo demás ella había pasado a ser un mueble más en la casa, una incubadora que daría a luz a su hijo, el cuál Josef estaba seguro sería un niño, uno que en un futuro heredaría toda su riqueza.

Pero al cuarto mes de gestación Antonella comenzó a tener riesgos de perder al bebé, así que le recomendaron permanecer en cama lo más que se pudiera, no hacer la más mínima fuerza y conservar la calma siempre. 

Fue entonces que Josef encontró la excusa perfecta para dormir en otra habitación y alejarse por fin de Antonella, ya no la quería y tampoco quería compartir la misma cama ni por costumbre, por eso, al saber que Antonella podría perder a su heredero decidió dejarla descansar libremente en la cama y esto no extraño a Antonella, lo miraba venir desde hacía mucho pero hasta ahora se le presentaba la oportunidad de huir de ella, pero en lugar de deprimirse se concentro en estar bien para poder verle la cara a su hijo.

En el séptimo mes Antonella y Josef se enteraron de que serían padres de una niña, el ultrasonido la había dejado ver claramente y esto casi hizo poner a Josef totalmente decepcionado, apretó la mandíbula perdiendo toda la emoción que había venido sintiendo en los últimos meses, cayó al suelo y su rostro no pudo ocultarlo, Antonella se dio cuenta y su alegría se convirtió en una decepción más por parte de él y rabia en su contra, era tan machista a veces que le fastidiaba tanto esa manera de ser de Josef.

-Creí que sería un niño – dijo Josef cuando llegaron a casa con un tono de decepción que hizo hervir la sangre de Antonella.

-¡No puedo creer lo que escuche! ¡tú! ¡Que eres un hombre que vive mayormente rodeado de mujeres no acepta que su futuro hijo sea mujer! Aún no nace y ya le figurabas diferente – dijo exaltada.

-¡Cálmate! Solo pensé que sería un varón.

-Creo que ya no puedes decepcionarme mas Josef.

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