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LXXIII Eso no es deporte

Sam se levantó temprano. Anduvo a hurtadillas por la habitación para no despertar a Vlad. Le dejó una nota en la mesita de noche avisándole que saldría de compras. Su novio necesitaba ropa. Prendas sobrias como usualmente usaba, algunas casuales y otras que a ella le gustaran. Se dio una vuelta por la tienda de disfraces para adultos también.

Horas después entraba al hall del hotel cargada de bolsas. Saludó a las recepcionistas ataviadas con túnicas blancas a la usanza griega y caminó hacia los ascensores. Un hombre apareció en su campo de visión y se le interpuso.

La radiante sonrisa que lucía Sam desde que se despertara entre los brazos de Vlad se desvaneció como un suspiro.

—Samantha… Estás viva.

La sorpresa en el rostro de Markus era tanta como la que había en el suyo, como si hubiera visto un fantasma.

—¿Por qué no lo estaría? La señora sólo me dio unas vacaciones. —Pulsó el botón par