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LXIV Una estrella para ti

—Y la estrella más brillante del cielo nocturno es Sirio —dijo Vlad, buscándola desde la ventana.

No tenía idea de cómo lo sabía, pero estaba seguro de no estar mintiendo.

Ingen salió de la cama de un brinco y corrió hasta su lado.

—¿Es esa de ahí? —Apuntó con su dedo al que para él era el astro más luminoso.

—Sí, forma parte de la constelación Can Mayor —agregó Vlad, que empezaba a extrañarse de sus propias palabras.

Él no era de los ilusos que se la pasaban suspirando mientras veían las estrellas, él se admiraba de tener siempre los pies puestos bien firme sobre la tierra, y la cabeza también.

—¿Can Mayor? —preguntó Ingen.

—Es uno de los perros que acompaña a Orión, el cazador... —Se calló abruptamente, sintiendo que alguien más hablaba por su boca, como si estuviera poseído.

Una posesión demoniaca.

Se volvió a ver a Sam