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XXXVII Por los viejos tiempos

Vlad Sarkov se dejó caer en el sillón de la suite de su hotel. Había regresado con Markus, dejando a Samantha haciendo negocios con el inversionista. Con su pie golpeaba el suelo repetidamente. Fue hasta el balcón y se palpó los bolsillos del pantalón. Se miró las manos ¿Por qué había hecho eso? Era algo que los fumadores hacían, lo había visto en sus mayordomos cuando iban al jardín a fumar, pero él no fumaba. Se pasó las manos por la cara y él cabello, exhalando pesadamente. Habían pasado cuarenta minutos desde que dejaran el hotel donde se llevó a cabo la reunión. Volvió a entrar.

—¿Ella sigue allí? —le preguntó a Markus.

El hombre usaba su teléfono. Se mensajeaba con alguien.

—Sí, amo. No ha salido.

Vlad golpeó un jarrón. Se hizo trizas contra el suelo. Los arranques de ira no eran comunes en él, no con su poder para ocultar sus emociones. Había ira en sus ojos, pudo ver Markus, que lo miraba como quie