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XXVI Malos novios

Sam miraba la pantalla de su teléfono, mordiéndose las uñas. Si su jefe no le enviaba un mensaje pronto, sería ella la que necesitaría una manicurista.

¿Qué problema había con su cabeza para haber creído que sería buena idea sugerirle lo de la prostituta?

Cavar su propia tumba, eso había hecho. No podía permitir que se repitiera un episodio como el del baño. Decidida a evitarlo, se armó de valor y fue en busca de su jefe. Era tarde, pasadas las diez y él seguía en el despacho. Por la puerta entreabierta lo vio sentado de cara a la ventana, bañado por la luz de la luna. Sus pasos apenas se oyeron cuando entró, eran tan suaves como el tono de voz que usó.

—Amo, Vlad. Lo que dije anteriormente no lo dije con mala intención, como su sirvienta sólo quiero lo mejor para usted.

Él rio. Era una risa muy forzada y llena de sarcasmo. 

—¿Y lo mejor para mí es estar con una prostituta? Eres igual a ellos.

Samantha no perdió tiempo preguntándose a q