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XXIV Posesión demoniaca

—Vaya. Sí que has sido eficiente, muchacha. Toma asiento.

Samantha se sentó frente al escritorio. Tomken la observaba con mirada apacible. Ciertamente ella lucía mucho peor que cuando la había conocido, pero no pareció importarle ni siquiera para preguntarle por la razón.

—Su hijo no es homosexual. Evan Müller tampoco. Creo que incluso comparten mujeres… Iban a compartirme a mí —dijo, con voz temblorosa.

Tomken rio.

—¿Qué barbaridades estás diciendo, muchacha? Habrá descubierto que lo investigabas y te estaría jugando una broma.

Sin mostrar la más mínima debilidad o vergüenza en su expresión, Sam se desabrochó la blusa, enseñándole las indecentes marcas que mostraban los lugares por los que había andado Vlad, como puntos en un mapa.

—Su hijo me ha presionado para que tenga relaciones sexuales con él en varias ocasiones. Él no es homosexual, se lo aseguro, pero es un deprav