Buenovel

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VI

Cambió de ropa, se quitó el maquillaje ante el espejo, se duchó después y vistió la ropa de dormir. Ataba el cinturón de la bata sobre el pijama, cuando sintió los pasos inconfundibles. Se estremeció de pies a cabeza.

—Hola —dijo Greg entrando en la alcoba. Y avanzó hacia ella con los ojos fijos en las pupilas femeninas que se mantenían inmóviles.

—Kay…, ¿cómo estás?

—Bien, Greg … He …, he leído la Prensa.

—Ya. -La atraía hacia sí-. La besó en los ojos y luego en la boca.

—¿Tienes frío? —preguntó ella muy bajo.

—No.

—Estás temblando. Greg no respondió. La besaba una y otra vez, insaciablemente. Era la primera vez, sí, que Kay Ardrich entregaba sus labios a su marido y Greg lo supo y su voz al hab