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CAPÍTULO 34.

Aileana se levantó de la cama donde estaba con Beth y se acercó a su buro donde después de escribir sobre un trozo de papel por algunos cuantos minutos finalmente regresó ante Beth ofreciéndole aquel escrito ante la mirada de confusión de su amiga al ver el papel cuidadosamente doblado.

— ¿Podrías entregarle esto a Graham?

El tono en forma de una sutil súplica fue notorio en la voz sin ánimos de Aileana.

Beth tomó un poco insegura el trozo de papel viendo a Aileana que tenía el rostro con una evidente tristeza y desesperación.

—Necesito que se lo entregues ahora.

—Aileana... No deberías meterte en problemas.

Aileana se sentó nuevamente junto a Beth y después de mirarla en silencio por algunos pocos segundos se acercó lentamente a ella besando su mejilla tiernamente.

—No te preocupes por eso. En