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Capítulo 2

Levy llevaba al menos una hora subido en su bicicleta estática, mirando como amanecía tras el inmenso ventanal de su moderno apartamento del centro de la ciudad. Sentía el sudor corriendo por su espalda, por su frente, e incluso se le metía en los ojos, obligándolo a pestañear; pero nada de eso le importaba. Necesitaba quemar calorías, liberar tensión, y sentir el ardor en sus músculos antes de ducharse y acudir a la cita que su padre le había impuesto esa mañana.

Levy Gordon I, es decir, el padre de Levy, le había pedido que llevara el nuevo contrato a una de las cooperativas de lasque mayores beneficios obtenían, y él sabía que habría problemas. El contrato nuevo era mucho más exigente, y él sabía que en aquella cooperativa, los agricultores no tenían demasiado dinero, y dependían de sus cultivos para sobrevivir. Así se lo había hecho saber a su padre, pero a él no le había importado, y le había indicado que llevara el documento ya redactado para que lo firmaran.

La familia Gordon era una de las más importantes de la ciudad, y desde hacía tres generaciones se dedicaban a la fabricación de fertilizantes, y aunque no eran la única marca en el mercado, si eran la que más variedades ofrecía, y la que podía distribuir sus productos incluso en los pueblos más pequeños, ese era el motivo por el que el padre de Levy había decidido que podían incrementar su margen de beneficios, y apretar más a los agricultores de cooperativas más pequeñas, que tendrían más problemas para conseguir un suministro de fertilizantes adecuado.

Levy no estaba de acuerdo, de hecho, inicialmente se había negado, pero había tenido que asumir su responsabilidad cuando su padre lo amenazó con retirar la subvención que anualmente le otorgaba para sus campañas humanitarias. Levy había roto la tradición familiar, y no se dedicaba a los negocios como si que habían hecho su abuelo, su padre, y ahora su hermano; él era médico, una vocación que nunca nadie comprendió en su familia, pero a la que no había estado dispuesto a renunciar, y como parte de su trabajo, dedicaba los veranos a realizar campañas sanitarias en los barrios más pobres de la ciudad, donde sabía que muchos de los que allí vivían no visitaban un hospital por falta de fondos. Pero evidentemente, el dinero necesario para cubrir esas campañas, provenía de la empresa familiar, y Levy sabía que si no cumplía con las expectativas de su padre, y acudía a esa cita de negocios, estaría perdido; su padre retiraría la subvención, y toda esa gente a la que su progrma médico para gente con pocos recursos ayudaba, caería en el olvido.

Así que Levy se levantó del incómodo sillín de la bicicleta estática, se duchó y se puso su mejor traje. Cogió la carpeta con los documentos que la secretaria de su padre le había entregado la tarde anterior, y salió en dirección al pueblo en el que se encontraba la cooperativa, estaba bastante lejos, así que Levy agradeció salir temprano.

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