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Nace una luz IV

La noche pasó y el sol se deslizó de repente por el firmamento, el frío todavía se hallaba allí, pero se desvanecía con el pasar de los segundos. Aldor estaba dormido, hasta que repentinamente una enorme mano lo estremeció. Abrió los ojos y vio a Einar sin cadenas, pensó que aún no había despertado y vio a su alrededor. Los cuerpos dahmarianos estaban en el piso inmóviles y con los ojos abiertos.

- ¿qué pasó? - preguntó desconcertado.

- la comida que traían los arqueros estaba envenenada - dijo Einar en voz baja mientras reía.

- ¡qué! Pero esa comida era para nosotros - dijo enojado.

- tranquilo, todo era parte del plan.

- ¿entonces nos engañaste a todos?

- sí

- maldito, Einar - se echó a reír.

Se levantaron los dos y Aldor le habló al pueblo.

- ¡quiero que tomen todas las armas que puedan, saqueen los cuerpos de los soldados y por ninguna razón vayan a probar esa comida, los mataría de un par de bocados!

Los hombres hicieron como Aldor les ordenó y después partieron hacia el valle de las hadas el cual era el destino de los prisioneros y soldados.

En el camino se encontraron con un grupo de cinco hombres que llevaban a las bestias de Einar y una carroza llena de provisiones. Al verlo el canino, empezó a batir la cola y se aventó sobre él al igual que la bestia felina. El simio y el ave hicieron lo mismo.

- dígale al rey rata que siempre estaré agradecido por lo que hizo por mí - le dijo el enorme hombre a uno de los mercenarios.

Los arqueros se fueron y Einar continuó el resto del camino, montado sobre su enorme e imponente bestia.

El sol se empezó a esconder y el pueblo que dirigía Einar, ya estaba muy cerca del pequeño asentamiento militar de Dahmar.

Aldor preguntó a Einar cuál era el plan.

- acamparemos esta noche - respondió él y así lo hicieron.

Al siguiente día, esperaron a que llegara el atardecer para posicionarse en un lado del camino... imagino que ya empiezas a deducir lo que sucedió a continuación.

Un grupo de soldados dahmarianos que lleva a más de cien prisioneros aparece por un camino cercano al asentamiento. Poco más de cien soldados del bosque, salen de entre la maleza dirigidos por un legendario guerrero que montaba sobre una poderosa y letal bestia. En menos de un vuelo, los hombres del bosque habían acabado con los dahmarianos y liberado al resto de su pueblo.

Todos se abrazaban y estaban alegres porque eran libres de nuevo.

Los amigos se daban las manos, los hermanos se abrazaban, los padres se encontraban con sus hijos y sus esposas llenos de regocijo. 

Ya se encontraban a una distancia segura de los dahmarianos y descansaban tranquilamente. Las luces del fuego de las fogatas eran las únicas que iluminaban aquella fría y nublada noche.

Einar estaba recostado sobre el vientre de su enorme bestia – la cual estaba acurrucada - mientras acariciaba a su perro - quien se hallaba recostado con la cabeza en su regazo, junto al mono.

El ave posaba en un árbol cercano y Aldor miraba hacia la luna pensativo.

- Einar, creo que deberíamos tomar ese asentamiento dahmariano - soltó el líder de los hombres del bosque mientras comía un trozo de carne.

Einar dejó de acariciar a su perro y lo miró algo desconcertado, pero con la misma tranquilidad que lo caracterizaba para decirle:

- pero... ¿para qué quieres tomar ese asentamiento? ya tienes tu parte del bosque y.… además, los hombres del bosque nunca han peleado por oro o poder - los ojos de Einar cayeron al suelo - "el camino a la perdición es la avaricia" tu padre nos lo decía hasta el cansancio.

Aldor corrió su mirada a un lado y dijo:

- mi padre murió Einar, era un buen hombre y quería que las cosas se quedarán tal como estaban. Pero los tiempos cambiaron, si no nos hacemos más fuertes, lo que sucedió hace unos días seguirá sucediendo… no solo se trata de Dahmar… Phindelvania, Erbit o hasta Ortinu buscaran doblegarnos y quedarse con nuestras riquezas. Los hombres del bosque jamás nos arrodillaremos ante ningún reino - levantó la mirada y la dirigió a su amigo - La única forma de evitar que acaben con nosotros es haciéndonos más poderosos - al terminar de decirlo, su mandíbula se tensó mas que la cuerda de su arco y su mirada irradió mas fuego que la fogata a la que apuntaba.

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