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Chloe se había encargado de dejarla completamente desnuda para luego ayudarla a meterse a la bañera llena de agua tibia, porque aunque estuviera muy enojada con ella en este momento, nunca le permitiría que se sintiera mal.

—¿Puedes bañarte conmigo? — preguntó dulcemente

—Me sentaré aquí para bañarte, solo relájate — dejó que su cabeza se apoyara sobre la tina mientras que Lena cerraba los ojos, apreciando las caricias de la morena sobre su piel.

Chloe terminó sentándose en el borde de la bañera, con la cabeza de Lena entre sus muslos mientras intentaba enjabonar su cabello, creando unos exquisitos masajes que la ojiverde sin dudas estaba disfrutando.