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Después de la tormenta

Decir que estaba molido era quedarse corto. Lukyan sentía que su cuerpo estaba más para allá que para acá. No era que le doliera algo. Cada músculo de su cuerpo estaba tan entumecido que el dolor apenas era perceptible. Aun así, había una molestia pulsante en su nuca que no lo dejaba descansar en calma. 

Pero molesto quizás no era la palabra adecuada. La sensación era... diferente. Además, el calor que acariciaba su piel era totalmente relajante ayudados de los masajes a cada uno de sus miembros.

Abrió sus ojos lentamente, aunque con dificultad. Su alrededor no estaba en penumbras. La luz de las velas le daba vida a su alrededor y aunque era de día, las gruesas cortinas oscuras no dejaban que la claridad del exterior entrase por las pequeñas ventanas del baño.

No se extrañó encontrarse dentro de una bañera con el agua humeante. Las grandes