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Aliviando tensiones

Falco terminaba todos los papeles de un bulto para empezar con el de las cuentas. La presión de que su alfa no estuviera en la manada le ponía mucha responsabilidad sobre sus hombros que no debía ni podía delegar a nadie.

Agradecía que su esposo se estuviera encargando de las demás cosas, como la organización de los nuevos integrantes, el seguimiento de los suministros y de inventar excusas para todos aquellos que preguntaban por qué no veían a su alfa hacía días, incluso cuando su celo ya debía haber terminado. Además, la pregunta de donde estaba su prometido era la más común, sobre todo por parte de sus cachorros, que no paraban de interrogar a Bastian sobre el paradero de su madre.

El pretexto que se habían ido con Lucian para resolver algunos asuntos urgentes, dentro de poco se desvanecería.

Falco se compadecía de él. Ya las manchas oscuras aparecían por debajo de sus ojos arruinando su belleza natural. Lo oía suspirar a cada rato y aunque esta le respondía con