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Capitulo 3.

Narra Belfegor

Si estos estúpidos creen que soy débil por firmar una tregua están bien equivocados. Todo es parte de mi plan.

Toda mi vida se resume en "muerte". De donde yo vengo esa es la palabra clave. Solo hay dolor, sufrimiento, rencor y por su puesto muerte.

Desconozco que significa el amor, aunque tampoco me interesa ni siquiera experimentarlo. Eso hace débiles a los seres inferiores.

Me costó casi diez años hacerme con el control del Inframundo, y he perdido otros diez años en intentar conquistar la superficie. Y que conseguido? Pues nada perder guerreros y enfadarme mucho más.

Ese maldito Alfa es un buen contrincante, gracias a él todavía no he conseguido nada y me hayo inmerso en firmar un tratado de paz. Pero todo tratado se puede romper. Jajaja...

Me encaminó hacia una zona neutral, allí se va a llevar a cabo el tratado. No llevo apenas acompañamiento solo un par de demonios de mi plena confianza. No serían tan estúpidos para tenderme una emboscada. Con eso solo conseguirían una cosa, desatar más mi irá...

- Mi señor Belfegor, podríamos llevarnos a alguna hembra? Hace tiempo que ni los muchachos ni yo estamos con ninguna.

- Podeis llevar a unas pocas, pero debéis de tener cuidado y menos que sus desapariciones puedan relacionarse conmigo. Vuestra lujuria podría salirme caro y no quiero que nadie pueda trastocar mis planes.

Ellos asienten y se situan detrás de mi. Quizás unas hembras no estén mal, pueden tener más híbridos no son tan eficaces como los demonios puros pero pueden ser buenos soldados.

Veo que hemos llegado, muchos seres están congregados en el gran claro, la mayoría me mira con miedo, agachan su cabeza a mi paso, eso no hace más que hacerme sentir más poderoso si cabe.

Algo se remueve en mi interior, algo sucede una sensación extraña recorre mi cuerpo, un ligero aroma a azúcar tostada invade mis poros. Pero no, eso no puede ser, eso solo es un mito, nunca conocí a ningún demonio que fuera capaz de encontrar a su alma gemela.

El olor está más cerca, giro mi cabeza y descubro a la portadora del aroma, es una hembra licántropo, es joven y bella. Por la forma en que me mira. Si mirada me desafia se que es una guerrera. Ahora lo sé ella será mi reina.

Intento acercarme pero un lobo se para delante de ella, vaya, vaya esto no me lo esperaba el dichoso Alfa parece ser el padre de mi reina. Esto va a ser muy divertido.

Compruebo el tratado, es justo lo que habíamos acordado, una idea recorre mi mente. En verdad que soy malo, por algo soy Belfegor el teniente del infierno.

- Si queréis que firme hay una cláusula nueva, tengo que reunirme con la hija de este Alfa o la tregua se rompera de inmediato. Digo señalando con desdén a Uzziel. Sus ojos cambian de color encendidos por la ira. Su lobo debe de estar tomando el control.

Estaría bien comprobar si es inmortal, pero por otra parte si lo mató ahora, las cosas con la hembra se pondrían más difíciles. Aunque por otra parte me gustan los retos.

Los dejo solos y me alejo lo suficiente para poder escuchar lo que dicen. Amenazan al Alfa, el se defiende, las cosas se ponen interesantes, igual hasta hoy corre la sangre..

Miro el reloj quedan quince minutos para las cinco, voy a esperar quiero ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

Veo como mi pequeña reina avanza hacia el lugar pactado, la lujuria que creía muerta en mi interior ha despertado. Solo quiero tenerla entre mis brazos y hacerla mía.

No quiero que nadie la vuelva a mirar y menos tocar esa piel que solo debe de ser para mí.

Está parada, me acerco a ella suavemente la huelo, lamo la piel de su cuello y mordisqueo el lóbulo de su oreja. Su cuerpo reacciona por lo tanto no le soy indiferente. Esto va a ser muy divertido..

Se separa de mi, me mira desafiante, lo que no sabe mi pequeña es que eso me encanta, veo el odio brillar en sus ojos, eso solo hace que relama mis labios.

- Que es lo que quieres Belfegor? Porque me has hecho venir. Dice ella con toda la fuerza de la que es capaz, veo como mi presencia la intimida, mi nombre dicho en su boca, solo me ha causado una gran erección.

Sonrió con malicia, la miro y me acerco un poco más a ella.

- Lobita, aún no se tú nombre.

- Helena ni nombre es Helena. Dice ella evitando mi mirada.

- Bonito nombre para una reina... Sabes lo que quiero, ya sabes lo que somos, no me hagas perder el tiempo. Le digo un poco alterado, mi lado más oscuro se está cansando de hablar, solo quiere probar su sangre..

- Te voy a rechazar, asi no habrá vínculo alguno que nos una. Dice ella muy segura de si misma, lo único que está consiguiendo es que la desee aún más y terminar colmando mi paciencia.

- Prueba a rechazarme, dudo que algo cambie, pequeña Helena con los lobos puede servir pero conmigo te aseguro que no. Le digo y comienzo a reir.

Ella se queda callada, puedo oler el miedo y la excitación saliendo de su cuerpo. La agarro contra mi cuerpo, noto como su pecho sube y baja rápidamente, acerco mi boca a la suya, ella muerde mis labios...

Un fino hilo de sangre baja de mi boca, la relamo con placer, mi lobita es una guerrera, eso me gusta y me excita a partes iguales.

- Tienes hasta la luna llena para venir conmigo, por las buenas o por las malas. Tu decides eso a mí me da igual. Le digo y vuelvo a devorar su boca, está vez ella no lucha corresponde mi beso con mucha pasión.

Me separó de ella, le dejo una sonrisa y me alejo, nunca pensé que esto pudiera llegar a pasar. Veo que las cosas están saliendo realmente bien. Ahora solo tengo que esperar siete días para tener a mi reina a mi lado.

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