Buenovel

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La bastarda

—Adi ¿Dónde estuviste?— Pregunta mi madre. Me quedo absorto en los pensamientos recordando que pasé la tarde tras un coche en el que me pareció ver a Kiara, pero para mi mala suerte el auto del taxista se le desinfló la llanta, y por ello no pude alcanzar a ese auto.

—Buscando la vacuna—, dije al volver del trance.

—¿La encontraste?

—Si, ya la envié a Valleral—, respondo al sentarme.

—¿Cómo que la enviaste? ¿Acaso piensas quedarte?

—Si, me quedaré unos días más.

—Pero ¿estás loco? ¿Cómo vas a dejar tirada la hacienda en plena peste?

—Diego está a cargo, el sabe que hacer—, le digo y me levanto. Subo hasta la habitación y me dirijo a la ducha, después de darme un baño me recuesto en la cama.

Al día siguiente escucho la voz de mi primo que proviene desde la alberca, que queda debajo del balcón de mi habitación. Al segundo siguiente me levanto y me acerco hasta dicho lugar, antes de que noten mi presencia escucho hablar de un tema que me parece interesante, pues el nombre de Kiara es pro