Buenovel

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Veinticinco

Han pasado dos meses desde que Dominga partió de este mundo, dejando un vacío infinito en cada uno de nosotros, a nadie le ha dolido menos ya que todos la amábamos por igual, ella era como la madre que nunca tuve. En el transcurso de estos meses la bruja Fanny ha hecho de mis días un holocausto, se ha ensañado conmigo porque fui la última persona que vio con vida a Dominga, aún cuando el médico dijo que había muerto por muerte natural.

—Kiara ¿Estás bien?— Pregunta Gonza, al mismo tiempo limpia mi mejilla con su dedo pulgar —Ya no llores, ella está en un lugar mejor.

—Lo sé, solo que es difícil no verla al llegar del colegio—, digo y me lanzo a sus brazos. Me quedó así por unos minutos porque los abrazos de Gonza me llenan de regocijo.

Mientras abrazo a Gonza mantengo los ojos cerrados, al abrirlos me encuentro con la mirada profunda de Adiel, inmediatamente me aparto de mí amigo, porque mi guapo profesor me pidió que no esté muy cerca de él.

—Es hora de entrar a clases—, digo al le