Buenovel

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Encuentro impactante.

Relata Kiara: Cinco de la mañana canta el gallo y me levanto a ciegas e inmediatamente enciendo la lámpara. Llego hasta la cocina y la coloco en la mesa, seguido suelto un bostezo y estiro mis delgados brazos.

Minutos después escucho los pasos de él, camina hasta donde me encuentro picando una yuca y palma un beso en mi frente—¡Buenos días princesa! ¿Qué preparas?—Cuestiona el tío Félix. —Huele rico—. Afirma al probar de la olla.

—Tío, no me gusta que metas tus manos en la comida—reprocho y forma un puchero.

Mi tío Félix; es el hombre que más amo en el mundo, es el único familiar que tengo y gracias a él no e quedado desamparada, me a cuidado llenándome de amor desde que era una bebé

Es triste recordar esa parte de mi vida; mi madre murió cuando nací y por esa razón no celebro mis cumpleaños, él cobarde de mi padre nunca respondió y al tío Félix le tocó hacerse cargo de mí, me cuidó y crio como si fuese su propia hija, me dio su amor incondicional y yo le estoy eternamente agradecida. En agradecimiento por ser un buen tío saco buenas calificaciones para que se sienta orgulloso de mi, me alegra ver su rostro lleno de felicidad al momento que los maestros entregan las notas, y sobre todo cuando le hablan maravillas de mi. Una vez que la comida está lista le llamo, camina a pasos rápidos ya vestido con su ropa de vaquero, es el capataz de la hacienda Mohamed, una de las más grande de todo Valleral.

Aun soñolienta camino hasta la habitación y procedo a quitarme la pijama, coloco ropa común que se usa en este pueblo; como lo son los pantalones vaqueros y un sombrero, los fines de semana, después que el tío se va arrear el ganado salgo a pasear con mi caballo, zafiro. 

Vuelvo al comedor expulsando un suspiro, y siento la mirada del tío posarse en mí, a pesar de ser una buena niña también incumplo sus normas, la cual es; no salir por la noche sin su permiso mucho menos si es a la discoteca.

—¿No dormiste bien? ¿O es que saliste anoche?—Ladeo la cabeza y sigue con su mirada asechadora—¿No me mientes?—Increpa poniéndome nerviosa.

—No tío, te estoy diciendo la verdad.

—Eso espero Kiara, no quiero enterarme que haz andado en ese lugar llena de patanes.

Bajo la mirada y lo concentro en el plato, solo espero que nadie me haya reconocido, cargaba un gorro que cubría mi cabeza y la gran parte de mi rostro, el único que me vio fue ese forastero pero es obvio que el no conoce a mi tío, por esa parte estoy tranquila porque no le contará.

Una vez que estoy sola recuerdo al patán que se atrevió a rodar mi blusa y dejó mis pechos al descubierto, es la primera vez que me escapo para frecuentar ese lugar, ahora entiendo porque el tío no quiere que salga, puesto que aquel lugar está rodeado de aprovechados y pervertidos como el tipo de anoche, pero el rodillazo que le di va ha servirle para que aprenda a respetar a las mujeres.

Sonrío al llevar la última cucharada a mi boca, seguido la limpio, alzo las vajillas y rápidamente lavo los trastes, una vez limpiado todo salgo al patio. Cabe decir que vivimos en una cabaña alejada de la hacienda, en un pedazo de tierra que el señor Mohamed le vendió a mi tío, en gratitud por todos los años de trabajo que le a brindado. 

Muchos pensarán que ya es un viejo arrugado y amargado, pero el tío Félix es un hombre muy joven, apenas cumplió treinta y cinco años y tiene locas a todas las del pueblo, tras de ser un hombre trabajador es un tío maravilloso y muy guapo.

Subo a mi caballo para emprender mi rutina diaria, a pasos rápidos va zafiro mientras yo contemplo el amanecer, es lo que más me gusta hacer, contemplar los altos cerros que al salir el sol se ven extremadamente maravillosos.

Desde una larga distancia observo a los peones llevar el ganado hasta el corral, son cientos de cabezas que no logro descifrar la cantidad exacta. Me gusta ir tras mi tío y observarle trabajar, más lo hago porque…siento una atracción por Diego…Suspiro al verle montado en su caballo como el mejor de los jinetes.

Diego es el mejor amigo de mi tío y por tal razón se que jamás me mirará con ojos de amor, además es súper grande para mi y por eso se a convertido en mi ilusión. Antes que se den cuenta regreso a la cabaña, amarro mi caballo y me lanzo sobre la cama. Suspiro al recordar ese hombre de la noche anterior, sus labios rozaron mi escote lo qué hizo hincapié en mi vientre, como si mariposas volaran dentro de él, por eso me quedé perpleja y reaccioné a los pocos minutos. Suelto un suspiro y vuelvo a cerrar mis ojos y me pierdo en el sueño hasta que escucho la puerta abrirse.

—Kiara—me levanto rápidamente y salgo a su llamado.

—Dime tío.

—Cariño, se que no te gusta ir a la hacienda, pero Dominga necesita de tu ayuda. ¿Crees poder ir?

Formo un puchero y suelto un suspiro.

—Tío, te he dicho que la señora me mira con odio, y no se por qué.

El tío Félix se queda en silencio, baja la mirada y suspira grueso, segundo después me mira y acaricia mi cabello.

—Cariño, son ideas tuya

—No son ideas, no soy una tonta para no darme cuenta que mi persona no le agrada a esa mujer, y se que hay algo que aún no me has dicho y quisiera saber que es.

—Princesa, ella es así porque su hijo no está aquí, siempre vive amargada pero no le hagas caso, mejor responde mi pregunta, ¿Vas ayudarle a Dominga?—cuestiona y asiento.

—Nomas porqué Dominga así lo quiere—. Afirmo y salgo.

—Te llevaré en la camioneta. 

—Esta bien.

En media hora llego a la ascienda, me despido del tío y camino hasta la cocina, suspiro profundo antes de ingresar, puesto que cada vez que vengo a esta casa, la bruja de Fanny siempre termina echándome.

—Pequeña Kiara—. Farfulle Dominga.

—Mi tío dijo que me necesitaban.

—Si, mi niña, gracias por venir.

—¿En que puedo ayudarte, Domi?

—Crees poder ayudarme con la limpieza, las chicas no se dan abasto.

—¡Que! ¿Hay alguna celebración?—Indago y ella asiente. 

—Mi niño Adiel volvió y hoy realizarán una fiesta por su regreso.

—Vaya, ahora si que está feliz la bruja—Expreso y Dominga ríe.

—Si, esta muy feliz, pero ahora dime cariño, ¿Crees podernos ayudar? 

Asiento de brazos cruzados, camino hasta la bodega de limpieza y juntos a las demás chicas procedemos a limpiar la casa, solo espero no encontrarme con la bruja de Fanny, pero eso es algo imposible, porque no tengo ni cinco minutos que empecé con la limpieza cuando ya tenía a la bruja de Fanny tras de mí, exigiendo que apague la aspiradora.

—¡Oye tu! —Refuta mientras se acerca —¿Qué haces?¿por qué demonios estás haciendo bulla con esto?

—Estoy limpiando.— Comunico porque al parecer la señora amaneció ciega.

—¿Y quién te contrató?, no recuerdo haberlo hecho.

—Solo estoy ayudando a Dominga porque no se da a basto

—Suficiente, hablas demasiado y eso me fastidia, si vas a limpiar ve al otro lado, no quiero que ese ruido moleste a mi hijo.

—Tranquila mamá, ya estoy despierto—. Verbaliza una ronca voz desde las gradas.

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