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CAPÍTULO 86. El espíritu de una leona

Elliot habría podido imaginar a mucha gente detrás de los mensajes que llegaban a su teléfono, pero definitivamente el periodista no era uno de ellos.

—¡¿Jackson?!

—El mismo que viste y calza —dijo Jackson soltándolo y dándole la mano.

—¿Y tú qué diablos haces aquí? —lo increpo Elliot sin entender nada.

—La historia es un poco larga de contar, pero es mejor si te cuento adentro —respondió el periodista.

—Es mejor todavía si me lo cuentas después. ¡Ahora voy a buscar a mi mujer! —gruñó Elliot pero Jackson lo rodeo, poniéndose entre él y el camino de aquella puerta.

—Lo siento, pero no puedo dejarte hacer eso —le dijo y Elliot estuvo a punto de atraparlo por las solapas.

—¿Disculpa?

—Vamos arriba. Dame tres minutos para mostrarte algo y luego haces lo que quieras… —le pidió el periodista—. Tres minutos.

Richard llegó junto a su hermano y trató de calmarlo, finalmente Elliot accedió y Jackson los guio a una habitación que tenía en aquel hotel, justo frente a la villa de la famil