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CAPÍTULO 75. Una niña llamada esperanza

—¡No grites! ¡No grites! ¡Cálmate!

—¡Elliot! ¡El único que está gritando eres tú! —le dijo Kali muerta de risa antes de volver a apretar su mano con otra contracción.

El hospital solo quedaba a quince minutos pero aun así Elliot los sintió eternos. Estaba nervioso, estaba asustado, pero más que todo, estaba enojado.

—¡Yo sabía que ese infeliz iba a causar problemas! —gruñó con frustración—. No acabó de salir por la puerta y ya te había hecho enojar tanto que te pusiste de parto.

—Es que nuestra hija también quiso salir a pegarle. —Trató de bromear Kali, mientras soportaba otra contracción—. Escucha, esto no es culpa de Sohan, la nena ya está en tiempo de nacer, solo me adelanté una semana, nada más… —Quiso tranquilizarlo—. Además ya estamos en casa, con la familia, nada puede salir mal.

Lydia, que estaba al otro lado de Kali en el asiento trasero de la camioneta, puso los ojos en blanco.

—Linda, vas a ser una madre excelente, pero a este zangaletón no lo tienes que calmar, de es