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CAPÍTULO 11. Unos ojos más que suficientes

A Kali le temblaron los labios debajo de la pashmina. Los dos estaban perfectamente vestidos, pero aun así podía sentir el calor emanar por entre la ropa. Sentía las caderas de Elliot chocando con las suyas, la dureza de su torso, la rapidez de su respiración y el fuego oscuro que había en sus ojos y tuvo la sensación más extraña que jamás había experimentado.

Aquel hombre tenía la fuerza para someterla y aun así, aunque su voz fuera amenazadora y sus ojos feroces, Kali supo que no le tocaría ni un solo pelo si ella no lo permitía. Quizás aquellos colmillos estaban hechos para morder, pero no a ella y no a menos que se lo pidiera.

—Ya te arrepentiste la primera vez —susurró más suavemente de lo que esperaba—. ¿De verdad quieres acabar de echarte el lazo al cuello?

Elliot frunció el ceño y gru&