Buenovel

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57. No la toques

Adriano supo con exactitud en ese punto que la última barrera había sido pasada, ya no quedaba nada del hombre del inicio, ya no quedaba tiempo para reflexionar o pausar. La violencia sabía demasiado dulce como para renegar de ella. El poder era lo único que podía saciar su sed. Ya nada volvería a ser como antes.

La culpa pronto quedó atrás. 

Ya no tenía escrúpulos.

Por fin había desatado al monstruo. 

Y era feliz. 

Condujo su coche como si no importara ni la velocidad ni las normas. En el retrovisor podía ver a ese adolescente que algún día fue estallar en alegría. 

Había regresado con fuerza.

Dominik a su lado sería historia.

Aparcó finalmente el coche de cualquier manera en el parking de la casa donde Marlon se hospedaba y llamó con insistencia el timbre. No saldría de esa casa sino