Buenovel

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52. Usada

—Bianca, come algo.

—Déjame en paz, mi corazón se nutre con vuestra miseria.

—No digas eso.

—¿Es mentira?—torció la sonrisa amarga que se había formado.

—Bianca…

Volvió a llamarla, ella lo miró a los ojos de manera asesina.

—Déjame en paz.

Esta vez su voz sonó rota, como si estuviera haciendo un titánico esfuerzo por no llorar y derrumbarse frente a un hombre que realmente poco le importaban sus sentimientos. Así lo había dejado claro siempre, des del primer momento en que la vida quiso unir sus caminos. Él era una de las razones por las que ya nada importaba, ahora su vida consistía en expandir en el tiempo su dolor, su malestar. Nada ni nadie podría cambiar su realidad. Estaba jodidamente rota. Rota como si aquel espejo en el que decidió mirar su reflejo alegre al saber la noticia