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Para Ethan era difícil, realmente difícil entender por completo todo lo que estaba sucediendo. Desde que era niño había mantenido consigo el pensamiento de que no debía de formar una familia, que debía enfocarse únicamente a trabajar en la empresa que su padre tanto le había exigido cuidar. Siempre había creído que era imposible poder hacer feliz a un niño cuando dedicaba el cien por cierto de su tiempo a la empresa. Incluso por un tiempo se había culpado a si mismo por el hecho que su matrimonio con Beaty no hubiera funcionado.

Había pensado que pasar tanto tiempo en la oficina había terminado por provocar que todo el “Amor” que algún día se había llegado a tener muriera por completo.

Al inicio todo había estado perfecto, se habían conocido gracias a la familia de Beaty que la había llevado a una de las cuantas fiestas de aniversario que habían organizado en la empresa, habían comenzado a salir por intereses y finalmente se habían casado. Creyendo que lo que tenían era amor cuando en realidad solo había sido interés severamente endulzado.

Confundiendo las salidas semanales que solían hacer a las afueras de la ciudad, confundiendo por completo los besos y caricias que normalmente se regalaban.

Todo lo habían confundido, creyendo que en verdad había un amor especial en medio de aquella ambición.

Cuando Ethan se había dado cuenta que el amor que supuestamente alguna vez se tuvieron había desaparecido por completo, pidió el divorcio. Tratando de seguir aquella imagen de matrimonio feliz que por mucho tiempo habían mostrado frente a las cámaras pero cuando las peleas se intensificaron y todo parecía derrumbarse fue que realmente escapó a uno de los hoteles.

—¿Qué piensas hacer?— preguntó Drake, manteniéndose al lado de Ethan, observando únicamente como su jefe se llevaba el vaso de café hacia los labios, justamente al mismo tiempo que con su otra mano se limpiaba alguna lagrima que se deslizaba sin control por su mejilla.

—No lo sé— fue lo único que pudo contestar el joven empresario después de colocar el vaso de café sobre el porta vasos del auto. Negando levemente mientras pensaba en la manera más adecuada de decir todo lo que necesitaba decir— ella no desea un hijo y yo tampoco lo quería... estoy volviéndome loco.

—Tienes que pensar adecuadamente lo que planeas hacer, dijiste que terminarías con este matrimonio lo más pronto posible. No puedes mantener ese absurdo matrimonio.

—Lo sé, realmente lo sé— susurró Ethan, realmente entendiendo las palabras que Drake le acababa de decir, entendiendo que aquel inoportuno matrimonio podría causarle grandes problemas en el futuro. Estaba cansado de los problemas, cansado de imaginar que aquella rubia mujer podría causarle incluso muchísimos más problemas de los que su prima le había causado.

—No conoces a esa mujer, realmente no sabes si su bebé sea tuyo, no conoces su pasado y sobre todo desconocemos por completo sus intenciones.

—Ella era...ella no...— soltó Ethan, volteándose hacia él con el rostro totalmente inexpresivo.

—¿Qué?

—Lo recuerdo perfectamente, no debería decirte esto pero ella lo era.

—¡Es imposible!— dijo Drake, negando con fuerza. Totalmente seguro que lo que Ethan acababa de decir era un completo error, creyendo que la gran cantidad de alcohol que había bebido esa noche le había causado una gran confusión— debe de ser de otra manera— añadió, tratando de convencerlo con pocas palabras que todo lo que él creía podía ser un completo error.

Ethan negó, aferrado ante la idea que él había sido el primer hombre que había estado con ella, aferrado a la idea de que aquel bebé era suyo. Ahora lo podía recordar bastante bien, lo recordaba casi a la perfección y eso le daba muchísima seguridad.

—Hablaré con ella— soltó— no quiero estar casado con ella para toma la vida pero tampoco quiero permitir que esa mujer asesiné algo que realmente estoy deseando.

—¿Qué sucederá cuando te des cuenta que en verdad tener un bebé no es lo que quieres?— preguntó Drake, conociendo perfectamente como Ethan solía aburriste rápidamente de las cosas y sobre todo de las personas. Sintiéndose afortunado de no haber sido despedido ya.

—Podré mandarlo con su madre– soltó antes de soltar una pequeña sonrisa entristecida— no creo que eso pueda ser posible.

—Entonces...¿Qué quieres hacer?

—Quiero quedarme con el bebé, quiero quedarme con la custodia completa. Así ella no tendrá por qué quedarse con un hijo que no desea y yo no tendré que quedarme con una mujer que no deseo— dijo Ethan, asintiendo como si lo que acababa de decir fuera el plan más perfecto que hubiera creado— únicamente tendré que cuidar de ella en el embarazo, hacerla firmar un documento donde especifique que cede sus derechos como madre y entonces nos divorciaremos una vez que nazca el bebé. Entonces no la necesitaré más.—añadió.

—¿Estas completamente seguro de lo que estás diciendo?

—Completamente seguro así que llévame a verla, estoy listo para hablar con ella.

****

Winter volteó hacia la puerta cuando el sonido de esta la hizo abrir los ojos con rapidez, imaginándose que aquel hombre de rostro frio entraría por aquella puerta en cualquier momento, imaginación que la obligó a sentarse de golpe sobre la cómoda cama que se encontraba dentro de aquella habitación lujosa. Relajándose de inmediato al finalmente encontrarse con dos mujeres delgadas con los ojos totalmente llorosos e incluso un poco enrojecidos.

—Peleamos un poco— anunció una de ellas, acomodándose los gruesos anteojos de armazón rosa que traía sobre su delgada nariz pecosa— ¿Por qué no me dijeron que estaba sucediendo?— preguntó repentinamente, lista para comenzar una nueva pelea si era necesario.— odio que me excluyan de todo— añadió.

—No tuve tiempo para explicártelo— contestó Winter, bajando la mirada hacia la intravenosa que atravesaba su piel— lo siento, Rexi.

—¿Cómo te sientes?—preguntó Vania, acercándose a ella con apresurados pasos que sonaron levemente sobre el suelo.

—¿Sigues sintiéndote mareada?—soltó Rexi, acercándose al igual que Vania, tomando asiento sobre uno de los asientos que se encontraban al lado de la cama de Winter—¿Qué es eso?—preguntó antes de señalar un gran ramo de rosas blancas que se encontraba al lado de una de las ventanas de la habitación.

Winter abrió un poco los labios al mirar por primera vez aquel hermoso y lujoso ramo de rosas blancas que venía decorado con unas cuantas hojas verdes.

—Reconozco esa florería, es realmente cara.

—¿Cuánto?—preguntó Vania, dirigiéndose rápidamente hacia la tarjeta que decoraba el lujoso ramo.— tu eres la experta en esto, toda una preparadora de eventos—susurró con recelo.

—No lo sé, ese ramo debe haber costado unos quinientos o tal vez más— soltó la chica de anteojos con un poco de duda, desconfiada de sus amplios conocimientos sobre florerías.

—¿¡Tanto!?—preguntó Winter, sorprendida que Ethan pudiera gastarse con facilidad tantos dólares en un simple ramo de rosas que terminaría secándose al pasar unos días. Imaginando lo que ella compraría si hubiera tenido la oportunidad de tomar aquel dinero. Tal vez unas buenas botas negras o un saco que pudiera hacerla ver un poco elegante frente a su irrespetuosa familia.

—Winter—soltó Vania después de tomar la tarjeta negra de la florería, leyendo el escrito que había en ella— espero puedas mejorarte pronto, necesitamos hablar. No te preocupes por los gastos médicos, lo pagaré todo... atentamente Ethan Miller.

—¡Parece que atrapaste un pez gordo!—soltó Rexi con una gran sonrisa en el rostro.

“Un pez gordo” pensó Winter, soltando una pequeña sonrisa entristecida. Pensando lo fácil que era para ellas, pensando en la manera tan sencilla en la que ellas pensaban que era la situación cuando en realidad para ella todo era una pesadilla. No quería atrapar a un pez gordo como decía Rexi, tampoco quería ser una madre que tuviera que vivir estresada todo el día por el hecho de sentir que un niño vino a arruinar todos sus planes futuros. No quería ser mirada por su familia, temía lo que podían decir de ella por el hecho de haber tenido un hijo fuera del matrimonio. Estaba ansiosa, aterrada y terriblemente asustada. Odiaba que ellas no pudieran entender eso, detestaba la manera en la que ellas únicamente se enfocaban en la cantidad de ceros bancarios que Ethan tenía en el banco, su reputación y lo bien conocido que era. En ningún momento ellas pensaban en ella, en lo poco que conocían a aquel hombre que frente a las cámaras parecía ser todo un caballero pero en realidad mostraba una apariencia completamente fría.

En realidad dudaba, recordaba poco de aquella noche en México pero sabía que aquella noche el realmente había sido un caballero con ella pero ¿Realmente esa era su personalidad o simplemente había actuado como un caballero para acostarse con ella?, había demasiadas cosas en su cabeza. Tantas que le costaba enfocarse en lo que su par de amigas decía frente a ella.

Si de algo estaba completamente segura era que tenía que huir de ahí en cuanto pudiera, no permitiría amarrarse a un hombre por un error que había cometido una noche de copas.

Rexi se mordió el labio al percatarse que acababa de cometer un error con su comentario, observando fijamente el pálido rostro de Winter. Suavemente se acercó a ella, estirando su mano hacia su revoltoso cabello rubio.

—Todo estará bien— soltó de repente, acariciando el sedoso y revoltoso cabello de Winter, maldiciendo suavemente al sentirla temblar—estamos aquí para ti y lo sabes. No tienes nada de que temer, no estás sola. Nunca lo has estado y no lo estarás.

—Realmente tengo miedo...realmente me siento atrapada. Vania, tú lo has visto, ese hombre nos ha llevado a rastras a su m*****a oficina adinerada. ¿Qué sucederá si no hago lo que él desee, me obligará o preferirá encerrarme en una habitación de su lujosa mansión?

—No creo que sea esa clase de hombre.

—¡Es que no lo conocemos!—gritó Winter, negando con fuerza—¡Pareciera que se han enamorado completamente de él, solo por su apariencia!

—No es lo que intentamos decir—susurró Rexi, acomodándose los anteojos con nerviosismo.

—Lo siento—susurró Vania, sentándose sobre las piernas de Rexi— simplemente creímos que podría ser una buena oportunidad.

—Solo cállate, Vania—soltó Rexi, alejándola de sus piernas.— que seas adicta al sexo masculino no significa que puedas o que podamos estar opinando sobre lo que es mejor para Winter. Solo Winter sabe lo que necesita hacer, nosotras solo tenemos que apoyarla y opinar si es que ella lo pide.

—Tampoco quiero que nos terminemos peleando, lo siento chicas.— se disculpó inmediatamente Winter, buscando con sus manos las delgadas manos de sus amigas, tratando de buscar alguna clase de consolación.

Guardaron silencio cuando finalmente Winter encontró las manos de sus amigas, soltando un ruidoso suspiro cuando pudo sujetar con fuerza sus manos.

—¿Creen que pudiera ser una buena madre?—preguntó ella de repente, dirigiendo su mirada hacia el voluptuoso ramo de rosas blancas que decoraba por completo la habitación.

Rexi soltó una gran sonrisa burlona al escucharla, asintiendo levemente, recordando cada una de las veces en las que Winter se había sacrificado para cuidar a su pequeña hermana cuando su madre había tenido que ir al hospital.

—Siempre cuidaste tan bien de Nancy, ¿Por qué no podrías cuidar a un bebé?

—¿Estas confundida?—preguntó Vania, ladeando levemente su rostro mientras la observaba y sostenía su mano.

—Lo estoy— admitió Winter.

—Tienes que estar completamente segura de lo que deseas, no puedes traer a un pequeño al mundo cuando no te sientes lista. Recuerda que ellos necesitan amor, tiempo... estoy segura que entiendes lo que intento decirte. Estoy segura que no quieres que tu hijo pase lo que tú pasaste.

—Exacto y es por eso que tienes que...—susurró Rexi sin saber exactamente que decir al percatarse que sobre el marco de la puerta se encontraba un elegante hombre recargado. Con ambas manos cruzadas sobre el pecho, permitiendo que su imagen se viera incluso más intimidante de lo que ocasionalmente solía ser.— es él...

Winter se llevó una mano al rostro al verlo, soltando las manos de sus amigas para poder correr hacia el baño.

—Oye—la llamó Ethan, avanzando hacia ella en cuanto la vio correr al baño—¿Estás bien?—preguntó. Entrando al amplio baño de la habitación sin pensarlo ni un solo momento— oye, oye— soltó al verla arrodillarse frente al retrete para regresar el estómago, tomándola del cabello con rapidez— no puedo creer que esté haciendo esto—susurró mientras negaba con suavidad. Asegurándose que el rubio cabello de Winter no fuera a salir manchado.

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