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CAPITULO 7 TATUAJE

Sara arqueó una ceja. “Somos novios Joel, hacemos lo mismo que tú haces con Celeste”. Dijo provocándolo.

Joel se levantó golpeando la mesa, Celeste lo detuvo para calmarlo y miró a Sara advirtiéndole.

Sara suspiró y se fue a su cuarto.

Joel se quedó gritándole. "Sara ven aquí estamos hablando". Pero ella hizo caso omiso. “Esa niña me va a matar de coraje”. Le decía a Celeste.

Celeste sonrió tomando su rostro. “Es joven Joel, solo habla con ella cuando estés calmado”.

Joel la miró tristemente. “¿Cómo voy a explicarle sobre los bebés y cómo cuidarse? Es muy difícil”.

Celeste se carcajeó. “No te preocupes eso lo haré yo, tú solo habla sobre esa relación y …”

Se quedó mirando a Joel triste. “Las complicaciones que tendrá si sigue con él, Aldo es un buen chico y reconozco que siempre la ha defendido, pero sus padres… nunca aceptaran a Sara”.

Joel hizo una mueca. “Cualquiera estaría feliz de tener a mi princesa en su familia”.

Ella asintió sin seguir la conversación, conocía los rumores infundados que existían en el pueblo, había tratado de convencer a Joel de vivir juntos para que esos rumores desaparecieran, pero él siempre se negó, no quería que la relación se convirtiera en algo más serio.

Celeste conocía muy bien a Joel, seguía amando a Minerva a pesar de los años y que ella ya no estaba, era igual que su amor por él, no había forma de olvidarlo y prefirió quedarse con él en una relación abierta, sabiendo que él nunca la amaría tanto como a su amiga.

“Vamos a dormir, es tarde”. Celeste tomó su mano y lo llevó a la habitación.

…………………………………….

 A la mañana siguiente, Joel desayunaba solo con una cara de pocos amigos.

Sara bajó y entró a la cocina encontrando comida que Celeste siempre dejaba para ella cuando se quedaba en ocasiones con Joel.

Llevó su plato a la pequeña mesa y comió su desayuno.

Joel la miraba con las cejas fruncidas, se limpió la boca y advirtió. “Ten cuidado con ese chico y esa familia…”

Sara comía su comida sin mirarlo y le contestó. “Aldo me quiere”.

Joel suspiro. Sara… a veces el amor no es suficiente… para que una persona se quede contigo”.

Ella lo miró extrañada, no era la primera vez que él decía algo así. “Voy a seguir con él mientras Aldo quiera”.

Joel resopló enojado, se frotó los ojos y le dijo ya resignado. “Solo ten cuidado y lleva esta relación despacio”.

Sara sonrió. “Lo haré, no te preocupes soy fuerte como tú”.

Sonó la bocina de la camioneta de Aldo afuera. “Me voy a la escuela, te veré por la noche después de mi turno en el cine”.

Joel se levantó para verla irse. Ella feliz abrazó a Aldo quien la esperaba a un lado de la camioneta, la beso y sonrió, después miró a Joel con quien asintió saludándolo.

Días después, estaban juntos en la casa del árbol, Aldo compró unas hamburguesas y llevó sodas para cenar juntos.

Sara sonrió mordiendo su hamburguesa. “Me gusta más estar aquí a solas contigo, sin tanta gente”.

Aldo limpió su boca mientras masticaba. Tomó un sorbo de soda. “Te prometo que no volverán a molestarte”.

Sara lo miró y negó con la cabeza. “Me gusta más aquí, solo nosotros dos”.

Aldo asintió. “Quiero llevarte a un lugar”.

Sara se sorprendió. “¿A dónde?”.

Aldo sonrió. “Ya lo veras”.

Al terminar de comer Aldo la llevó a otro pueblo vecino, en la calle principal había todo tipo de puestos y locales comerciales, Aldo tomó su mano y entraron a un local donde hacían tatuajes.

“Hola Beni”. Aldo saludo al hombre tatuado.

Beni asintió. “Aldo que milagro y esta hermosa señorita, ¿Es Sara?”.

Sara asintió y lo saludó.

Aldo dijo. “Si, es ella, vinimos a tatuarnos”.

Sara miró a Aldo asombrada, pero se emocionó al saber qué es lo que hacían ahí.

Sara observó los tatuajes, pero ninguno le gustaba, miró las letras que llevaba tatuadas Beni y sonrió. “Quiero dos letras entrelazadas, la S y la A”.

Beni dibujó el diseño y Sara quedó encantada. Las letras las tatuaron en la parte de atrás del hombro.

Aldo le pidió que le tatuara el nombre de Sara en el pecho

Sara preguntó. “¿Estás seguro?”. Ella no quería que tuviera problemas con su familia por el tatuaje.

Aldo besó su frente. “Claro que sí, desde mi primer tatuaje ya había decidido cuál sería el segundo”.

La primera vez que Aldo se tatuó fue cuando su abuelo murió, ellos eran muy cercanos lo entendía a la perfección porque eran muy parecidos, en cambio con su padre nunca fue unido y se dedicaba al trabajo en vez de estar con la familia.

Salieron muy contentos del local despidiéndose de Beni.

Aldo tomó el rostro de Sara. "Ahora mi pequeña Sara, con este tatuaje te demuestro que eres mi única, te amo".

Regresaron al pueblo y Aldo la llevó a la cabaña.

“Te veré mañana, paso por ti”. Beso sus labios para irse.

Aldo llegó a su casa, su madre estaba regando algunas plantas en el jardín. “Aldo ¿Dónde estabas?, tu padre ha estado buscándote”.

El hizo una mueca. “Iré a verlo”.

Su madre asintió, lo observó entrando a la casa negando con la cabeza, esos dos no tenían una buena relación.

Aldo entró tocando la puerta, su padre estaba sentado en el escritorio revisando los documentos, cuando lo miró resoplo.

“¿Dónde estabas? Necesitaba la camioneta para llevar hortalizas con la familia Páez”.  

“No sabía que teníamos un pedido de ellos”. Aldo conocía todo el mecanismo de la granja y como eran las entregas, sabía que solo era una excusa de su padre.

El hombre se enojó. “Estabas con esa niña en el pueblo vecino, te dije que la dejaras”.

Aldo ya molesto contestó de la mejor manera. “No la voy a dejar papá, si quiere hablar de otra cosa dime, si no me retiro a mi cuarto”.

El hombre seguía enojado, pero tendría que tranquilizarse. “El alcalde y su hija vendrán a cenar, quiero que estés presente”.

Aldo hizo una mueca, Miriam vendría a la casa.

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