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Mi pequeña Sara
Ara Yi
CAPITULO 1 SOLO TUYA

“¿Estás segura?”. Pregunta a la chica debajo de él.

Ella respira agitadamente y lo mira a los ojos. “Si, estoy segura Aldo, quiero hacerlo contigo”.

Aldo fija su mirada en su rostro que tiene un bello rubor en sus mejillas, él sonríe y la besa de nuevo despacio y con ternura.

Sara pierde el nerviosismo dejándose llevar por las caricias de Aldo, quien besa su cuello, su pecho pasa por su vientre, llegando más abajo, haciendo que Sara casi llegue a lo máximo.

Aldo se acomoda entre sus piernas cuando siente que ella está lista y le susurra. “Lo hare despacio, aguanta un poco ¿De acuerdo?”.

Ella asiente tratando de recuperar el aliento, con su mirada un poco perdida por las sensaciones que Aldo le producía, este era el día en que ella se entrega por primera vez a su mejor amigo de la infancia y ahora novio, era la persona que más amaba en todo el mundo.

El pronto se graduará para irse a estudiar a la universidad lejos del pueblo, ella deseaba que él nunca la olvidara.

Aldo se acomodó entrando muy despacio en ella, Sara apretó sus ojos sintiendo el dolor que pronto se convirtió en placer, Aldo beso sus labios para cubrir sus gemidos aumentando el ritmo hasta que ella llegó a su clímax, Aldo tardo un poco más, seguía besándola mientras disfrutaba, cuando estuvo a punto de llegar, salió de ella esparciendo su semen en su vientre.

Aldo seguía encima de ella recuperando su respiración, la observó detenidamente y besó su frente para mirarla con cariño. “Eres mía pequeña Sara… para siempre, eres solo para mí”.

Ella suspiró profundamente feliz de las palabras de Aldo. “Siempre seré solo tuya”.

Después de limpiar el vientre de Sara, Aldo se aseo acomodándola en sus brazos, estaban recostados en unas mantas, con sus manos entrelazadas dentro de una pequeña casa en un gran árbol.

Ese era un lugar especial para ambos.

Sara se quedó dormida mientras Aldo acariciaba su rostro recordando el día que la conoció…

<<Flashback>>

Era primer día de escuela de Aldo, caminaba por la banqueta cerca de la escuela junto a sus hermanos, vio algunos alumnos molestando a una pequeña niña, tenía alrededor de seis años, era de tez clara, y ojos color miel, llevaba ropa de hombre, su cabello era castaño y estaba mal peinado, los niños la insultaban diciendo que su madre estaba muerta por su culpa, que era fea y olía mal.

Ella trataba de defenderse, pero eran demasiados los que la rodeaban, a pesar de eso ella nunca lloró, siempre tuvo la cabeza en alto negándose a ser humillada.

La empujaron cayendo al suelo, Aldo entró en el círculo y detuvo la mano de uno de los niños que iban a lanzarle una piedra “¡Déjenla en paz!”.

Todos observaron como Aldo levantaba a la niña del suelo. “¿Estás bien?”.

Sara observo al chico, era muy alto con mirada profunda sus ojos y cabello eran negro. “Si, gracias”.

Uno de los chicos que estaba molestándola le dijo. “No te acerques a ella, está sucia y huele mal”.

Aldo levantó la mirada para ver al chico que habló y lo empujó cayendo al suelo, con nueve años de edad era mucho más alto que los presentes.  “Quien la vuelva a molestar se las verá conmigo”.

Todos corrieron asustados a la entrada de la escuela dejándolos solos. Aldo levantó la mochila de Sara y la cargó en sus hombros. “Vamos es tarde y cerrarán la puerta”.

Ella asintió siguiéndolo, Sara observaba su espalda y su cabello negro, tenía seis lunares en el cuello que formaban la constelación de la Osa mayor, Sara era fanática de todo lo referente a las estrellas.

Aldo se detuvo en el pasillo y giró para entregarle su mochila sonriéndole. “¿Cómo te llamas?”.

Sara observó al chico, era muy alto y ella se sentía tan pequeña a su lado. “Sara”.

Aldo palmeó tiernamente su cabeza. “Te veré en la salida pequeña Sara, yo te acompañare a tu casa”.

Ella le regaló una hermosa sonrisa asintiendo, así fue como empezó una gran amistad de años, cuando Sara cumplió trece, ya no era esa chica que parecía niño, con la ayuda de Celeste una camarera que trabajaba en el único bar del pueblo, aprendió arreglarse y verse bonita, Celeste le tenía un cariño especial a la pequeña Sara por ser hija de una de sus mejores amigas.

Aldo tenía una sorpresa especial para Sara ese día. Cerca del lago había un gran árbol de muchos años, sus ramas eran fuertes y resistentes.

Aldo construyó una pequeña casa en ellas, con gran vista al horizonte podías ver todos los alrededores del gran lago y el gran cielo lleno de estrellas.

Aldo caminaba con ella mientras le cubría los ojos, al llegar cerca del árbol se detuvo. “No abras los ojos hasta que te diga”.

Ella obedeció nerviosa.

“¡Ahora ábrelos!” Aldo le gritó, Sara abrió sus ojos y encontró una gran manta donde estaba escrito -Feliz cumpleaños- y algunos globos alrededor, observó el árbol y vio la casa que Aldo construyó en las ramas.

“OHHH”. Ella estaba asombrada.

Aldo tomó su mano y la llevó hasta la escalera, subió primero y ella lo siguió.

Al llegar arriba Sara quedó atónita, había una gran manta en el suelo con algunas flores, postres y bebidas.

En las paredes había algunas fotos de ellos pegadas junto a pegatinas de estrellas que tanto le gustaban a Sara. “¡Es increíble Aldo gracias!”.

Él se acercó a ella y tomó sus mejillas. “Felicidades mi pequeña Sara”.

Ella sonrió alegremente, Aldo no pudo contenerse y la besó, a partir de ese día ellos se convirtieron en novios.

<<Fin del Flashback>>

Ya habían pasado cuatro años, Aldo tenía que irse a estudiar para ofrecerle algo mejor a Sara. No podía llevarla porque se quedaría con unos tíos y la familia de Aldo no aceptaba a Sara.

Pero no le importaba, estaría con ella a pesar de todo y de todos. “Sara”. Él la llamó para despertarla. “Sara”.

Ella se removió. “Mmmmhh”.

Aldo sonrió. “Despierta debemos volver, el viejo Joel no tarda en despertarse y buscarte”.

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