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Esperanza

Madox miraba una y otra vez el papel en su mano con la dirección de un lugar remoto del otro lado del país. Una zona costera que apenas si tenía una población de más de 1 000 personas. ¿Qué demonios hacía él recibiendo una llamada desde allí?

Aun cuando esa pregunta cruzaba su mente, su corazón latía frenético. Se palpó el pecho y su instinto le dictaba que fuera a ese lugar, por muy lejos que fuera. Sacó su celular para ver en la pantalla un mensaje de la mujer que acababa de ver donde le maldecía hasta del día que se iba a morir por haberla rechazado y simplemente usado sin dar nada a cambio. Realmente no tenía ganas para sexo y menos después de tener aquella dirección.

Marcó un número y espero que el alfa del otro lado respondiera.

-Me voy de viaje por unos días-

Hubo un silencio del otro lado.

-¿Estás seguro?- Dominic no sonaba muy seguro.

-Amigo mío, siempre he sido un alfa que se ha guiado por su instinto, pero esta es la primera vez que mi