Buenovel

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Carta

Dominic se removió en la cama encontrando que no estaba el acostumbrado peso en su brazo. Sus ojos se abrieron de golpe y se sentó demasiado rápido en la cama. Miró hacia todos los lados de la habitación encontrando que solo estaba él.

-¿Aidan?- frunció el ceño.

Se levantó de la cama con rapidez buscando en el baño con el mismo resultado.

-Mierda- gruñó y se puso un pantalón y la camisa a medio abrochar y salió corriendo.

Después de lo ocurrido anoche la idea de que su omega estuviera lejos de él lo volvía loco. Aquella casa, donde vivió durante muchos años y que consideró su hogar, ahora no era un lugar seguro. No con su madre dando vueltas. Corrió por al pasillo buscándolo, siguiendo su olor hasta que en la primera planta encontró a su padre en el lobby que parecía de salida.

-Dominic, buenos días- este le saludó con una calma innata.

-¿Has visto a mi omega?- el alfa estaba tenso y su respiración salió en bocanadas de su boca al detenerse.