Buenovel

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Miedo

Dominic enterraba su cabeza entre sus manos, sentado en el borde de la cama. Su cabello rubio chorreaba agua por sus brazos pues no había tenido mente ni para secárselo bien. Detrás de él se encontraba el cuerpo del omega, su omega, que había esto inconsciente por casi dos días.

No quería recordar, pero las imágenes de lo que vio cuando despertó de su celo lo atormentaban aun dejándolo con un total insomnio. Las laceraciones, los diversos moretones, los dedos marcados en cada parte de su cuerpo, las profundas mordidas alrededor de su cuello y pecho que en ese momento tenían un color horrible, su propio semen que aún continuaba saliendo del ano del chico y aquél marca en su nuca que se ponía cada vez más morada a cada segundo que pasaba.