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Capítulo 6

—No, mamá, no necesitas venir, todo está bien —dijo Mia esperando que su mamá le hiciera caso—. Los visitaré el siguiente fin de semana.

—Está bien, cariño. Cualquier cosa no dudes en llamarnos y si te arrepientes, puedes volver en cualquier momento.

—No lo haré, mamá. —Pero era bueno saber que siempre tenía un lugar al que volver si es que las cosas salían mal. No es que lo fuera a hacer, parte de crecer era lidiar sola con los problemas que podían surgir.

Su madre era la que peor la había pasado con su mudanza y todavía parecía tener la esperanza de que se animara a regresar a casa con ellos. Su padre, por otro lado, aunque no había estado muy contento con la idea de que viviera por su cuenta, no había presentado mucha discusión. Tenía veinticuatro años, cerca de los veinticinco, pero al parecer su madre aún no se había enterado.

No entendía como después de tener unos padres tan sobreprotectores no había terminado siendo una de esas personas que esperaban que sus padres solucionaran todos sus problemas y los mantuvieran de por vida. Tal vez tenía que ver mucho con su padre incentivándola plantearse retos y lograrlos.

—Te amo. —Nunca, ni una sola vez había tenido motivo para dudar de eso. Sí, a veces podía ponerse realmente furiosa cuando se metía en problemas, pero al final del día solo sonreía y sacudía la cabeza. Eso no quería decir que se salvaba de que la castigara.

—Y yo a ti, mamá.

—Despídete de tu hija, Vincenzo.

Mia sonrió. Su madre apenas le había pasado con su papá por un par de minutos antes de recuperar el teléfono para continuar con sus preguntas, muchas de ellas repetidas.    

—Adiós, cariño y recuerda…

—Haz al mundo papilla —repitió lo que su padre siempre le decía. Él era quién siempre la había motivado a ser ella misma.

—Adiós cariño —dijo su mamá—. No deberías animarla a hacer desastres —la escuchó regañar a su padre antes de que colgara el teléfono.

Sacudió la cabeza. Casi podía imaginarlos discutiendo, era una costumbre arraigada entre ellos, pero nunca los había visto ponerse realmente serios. Se amaban demasiado como para eso.

Se acercó a su sillón y cogió su cartera. Saldría a hacer las compras para la semana y al regresar comenzaría a cocinar. Salió de su departamento y cerró su puerta, luego se dio la vuelta. No se dio cuenta que alguien venía hacia ella hasta que se estrelló contra alguien. Cerró los ojos por el impacto y se hizo hacia atrás casi perdiendo el equilibrio.

—Con cuidado —dijo alguien tomándola de uno de los hombros para ayudarla a estabilizarse. Alzó la cabeza y se encontró con un hombre que la miraba con una sonrisa en el rostro.

—Lo siento, mucho. No te vi. —Sintió el calor subir desde su cuello hasta su rostro.

—No te preocupes. —Él la soltó—. ¿Vives aquí? —preguntó él con curiosidad inclinando la cabeza hacia un lado.

—Sí.

—No sabía que Giovanni tenía una nueva vecina y menos una tan bonita.

Tardó un segundo en darse cuenta de que él estaba hablaba de su vecino. Después de todos esos días por fin tenía un nombre para el gruñón. Giovanni. No estaba segura de si era un nombre que fuera acorde con su personalidad, pero le gustó.

—Sí, me mudé hace una semana.

—Mucho gusto, mi nombre es Luka —se presentó estirando su mano libre en su dirección, en la otra tenía una bolsa.

—Mia —dijo tomando su mano y él la sacudió.

Luka era atractivo y tenía una sonrisa hecha para deslumbrar, pero no tuvo ningún efecto sobre ella. No pudo evitar preguntarse cómo alguien tan social era amigo del gruñón de su vecino.

—Un lindo nombre, para una linda mujer. —Él soltó su mano.

—Eso es tan cliché —musitó divertida.

Luka, en lugar de parecer ofendido por sus palabras, soltó una carcajada.

—Directa, me agradas. —Él pareció detenerse a pensar en algo y luego habló—. Giovanni y yo haremos el almuerzo ¿por qué no te unes a nosotros?

—¿Siempre invitas a las mujeres a comer tan pronto las conoces?

—No, pero tu pareces alguien interesante. Además, deberías recibir una bienvenida cálida al ser nueva en el lugar, pero seguro que mi amigo es muy serio para cosas como esas. 

—No creo que él esté de acuerdo, más aún… —Se calló. Luka no tenía por qué saber de su aventura al departamento de Giovanni y su pequeño enfrentamiento.

No había visto a su vecino desde la noche del viernes o debería decir la madrugada del día anterior. Había contenido sus ganas de correr a la puerta para verlo a través de la mirilla cuando lo había escuchado en el pasillo. Un par de veces había pensado en ir a preguntarle cómo estaba, su herida no era tan grave como para hacerlo.

—Supongo que ya lo conoces —adivinó él—. No te preocupes, es todo ladridos, pero no muerde.

—De hecho, estaba yendo de compras.

En ese momento escuchó la puerta del departamento de Giovanni abrirse.

—Deja de fastidiar a la mujer, si no quiere entrar que no lo haga.

Miró a su vecino y luego de regreso a Luka. Su atrevimiento renovado. ¿Qué podía ser lo peor que podía pasar?

—¿Sigue en pie tú invitación? —preguntó. Si Giovanni ya vivía molesto, no haría ninguna diferencia que entrara o no.

—Por supuesto —respondió Luka con una sonrisa brillante.

—Entonces, la aceptó. Las compras pueden esperar hasta después del almuerzo.

—Ese es el espíritu. Vas a ver que vamos a ser buenos amigos. —Él le pasó un brazo por encima de los hombros. No parecía alguien a quien temer y rara vez se equivocaba, así que no le dijo nada al respecto.

Giovanni le lanzó una mirada que le decía con claridad lo que pensaba de su presencia. Era bueno que mientras hubiera testigos no podría hacerle nada. Él podía ser un asesino, pero no creía que Luka lo fuera. O eso esperaba.

—Deberías sonreír un poco, amigo. Asustarás a la mujer.

—No creo que nada lo haga —lo escuchó murmurar, lo suficientemente bajo para que Luka no lograra oírlo.  

—Traje todo lo que me pediste —dijo Luka mostrando la bolsa.

Giovanni asintió, al parecer no era con la única que ahorraba palabras. Luka la soltó y caminó hasta la cocina.

Su vecino la observó en silencio por un rato y ella, en un acto de valentía –tenía demasiados de esos- le sonrió. Él se dio la vuelta y se marchó por la dirección que su amigo había tomado antes. Mia no tardó en seguirlos. Lo mínimo que podía, ya que iba a almorzar gratis, era ayudar. No necesitaba que Giovanni siguiera aumentando más cosas negativas a su opinión sobre ella. No es que le importara mucho; pero como iban a seguirse viendo, lo mejor era llevar la convivencia tranquila.

—¿En qué puedo ayudar? —preguntó apenas entró a la cocina.

—No toques nada —dijo Giovanni serio.

—Lo que mi amigo quiere decir, es que nos haremos cargo. ¿Por qué no tomas asiento y nos dejas presumir de nuestros dotes culinarios?

Sonrió divertida y asintió.

>>Dijiste que te había mudado hace poco ¿dónde vivías antes? —preguntó Luka comenzando a picar algunas verduras.

—En casa de mis padres —respondió—. Mi trabajo queda cerca de aquí y pensé en buscar un lugar cercano.

—¿En dónde trabajas?

—En Farmifal.

El hizo un silbido de admiración.

—Debes ser buena, he escuchado que es una de las mejores industrias farmacéuticas. No creo que sea fácil acceder conseguir un puesto allí.

Giovanni detuvo lo que estaba haciendo para mirarla y luego volvió a lo suyo.  

Se encogió de hombros. Estaba orgullosa de haber conseguido el trabajo por sus propios méritos. Sabía que era buena en lo que hacía, pero decirlo en voz alta sería arrogante.

—¿Y tú, en qué trabajas?

—Giovanni y yo trabajamos en una compañía de guardaespaldas.

Se había equivocado. Su vecino no era un asesino a sueldo. De hecho, él se ganaba la vida haciendo todo lo contrario. Cuidaba de personas. Con su porte, no era difícil imaginarlo haciendo eso.

—Eso suena genial. ¿Cuidan algún famoso?

—La mayoría son empresarios. —Él dejó a un lado lo que estaba haciendo y miró a Giovanni—. Por cierto, amigo, aun tienes de las galletas de mamá. Acabé con todas mis reservas.  

Fue la primera vez que creyó ver un atisbo de diversión en los ojos de Giovanni y tuvo un mal presentimiento. Él se acercó a una de las gavetas de arriba y abrió una de las puertas. Mia reconoció el recipiente que había dentro y su corazón comenzó a latir acelerado.

M****a. Allí había ocultado los restos de aquel horrible jarrón.

Giovanni cogió el recipiente y se giró un poco para mirarla. Ella tuvo el impulso de saltar para detenerlo, en su lugar apretó los labios mientras el nerviosismo crecía dentro de ella.

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