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CAPÍTULO 6: MI DULCE ZUL

Abrí mis ojos poco a poco sorprendiéndome al encontrarme en mi habitación y no en aquel parque. Toda la habitación estaba sumida en una oscuridad siendo iluminada solamente por la luz de la luna.

¿Cuánto tiempo estuve dormida?

— ¿Cómo llegué aquí? —susurré para mí misma.

—Sola no, eso está claro —escuché que alguien hablaba desde un rincón en mi habitación, el mismo en donde siempre se encontraba aquel que vigilaba mis sueños.

— ¿Elemiah? —Pregunté un poco confundida. El tono de voz se me hacía muy familiar. Entrecerré mis ojos queriendo saber si era él.

—El mismo —se acercó, la luz de la oscuridad golpeaba en la mitad de su rostro.

Una escena digna de una película de lobos.

— ¿Por qué traerme y no dejarme tirada en aquel parque? — ¿Acaso Elemiah era esa persona?

No, imposible.

— ¿Por qué te traería? —se cruzó de brazos.

A veces era demasiada estúpida, claro que Elemiah no lo haría. Por el aún seguiría dormida en aquel lugar con el frio carcomiéndome.

—Lárgate —bramé un poco enojada y aúnque no lo quisiera aceptar, un tanto decepcionada también.  

—Me entere de lo que paso —se acercó y se sentó en la orilla de la cama.

Había olvidado por completo aquel suceso.

—Supongo que casi todo el colegio lo sabe.

—Si —asintió.

— ¿Por qué estás aquí? —curioseé, empezando a preguntarme cómo había entrado a mi habitación y si mi madre lo había permitido, ¿Cuál sería la razón por dejarlo estar conmigo durmiendo?

Soltó una pequeña risa y se encogió de hombros.

—Ni yo lo sé —respondió. Se levantó y rodeó la cama.

Al ver lo que pensaba hacer, me aleje un poco, aún sabiendo que estaríamos los suficientemente alejados para que nuestros cuerpos se tocaran.

Cuando Elemiah se sentó en la cama y se recostó en el respaldar, sabía que sus planes eran otros cuando nuestros hombros se rozaron, unos simples roces involuntarios que removían mi interior.

—Vete y aléjate de mí Elemiah —exclamé, con un miedo de repente.

No entendía la razón de estas emociones al estar con Elemiah y empezaban abrumarme. No sabia que hacer.

—Es lo que más quiero Samara, pero no te lo puedo conceder —confesó.

— ¿Por qué? —musité con voz ahogada. No entendía nada.

—Siempre existen situaciones o hechos en donde desconocemos su motivo. Bueno, esta es una de ellas. 

—Eso no es una respuesta —reproché negando.

—Es la única que te puedo dar…por ahora.

—No te entiendo.

—No tienes por qué hacerlo.

—Pero quiero.

—No lo hagas —advirtió en un tono un poco duro.

—Entonces aléjate de mí —demandé.

—Soy muy imprevisible. Te deseo suerte en ello —sonreí sin poder evitarlo.

—La necesitaré —admití. Elemiah volteó a verme y alzó su mano para llevar un mechón de mi cabello atrás de mi oreja—. A-Así…que gracias.

—No pienses que por esto te tratare mejor.

Se levantó, me da una última mirada y salió por la puerta.

[…]

Era obvio que todas las miradas se dirigirían a mí en cuanto pisara las instalaciones del colegio. Tener todas las miradas a medida que caminaba era algo verdaderamente molesto.

En una esquina vi como el grupo de los celestiales, como los había llamado en mi mente por razón a sus nombres se encontraban reunidos. Tenían buena compañía, pues varias chicas se encontraban con ellos y parecían a gusto con ellas.

Cuando vi como Jeremiel y Elemiah les sonreían sentí un amargo en la boca de mi estómago.

¿Qué m****a Samara?

Creí morir cuando ambas miradas se dirigieron hacia mí.

Uno de ellos me sonrió y el otro simplemente continuo con su conversación.

No era necesario decir quien era quien.

Solo esperaba que no se hubieran dado cuenta que estaba observándolos, aunque sea por unos milésimos de segundos. A pasos rápidos me alejé de ellos y mientras caminaba a la primera clase, recordé que aún no encontraban profesor de matemáticas y que muy probable no tuviéramos las dos primeras clases del día.

Aprovecharía estas dos horas para ir a un pequeño escondite o refugio que había descubierto desde hace varios meses en el colegio. Era un pequeño cuarto en la parte trasera del. Nadie lo sabía, ni siquiera Laura, quería mantener este pequeño lugar para mi sola y planeaba que fuera así hasta terminar mi ciclo aquí. Lo bueno de aquel refugio es que su alrededor siempre mantenía solo, pues para la vista de todos les parecía algo tenebroso esa parte del colegio.

Miré alrededor percatándome de que ningún amigo o conocido me estuviera mirando y continúe con mi camino rápidamente cuando no fue así. Llegué a mi escondite, entre rápidamente y cerré la puerta, sumergiéndome en una oscuridad absoluta.

Tanteé varias veces la pared en busca del interruptor, presioné esperando que el bombillo encendiera, pero no fue así, lo que me dejo un poco confundida. Estaba funcionando perfectamente la última vez que estuve aquí.

¿Qué se habría dañado? ¿Se habría fundido?

Me encogí de hombros y me senté en un rincón, esto no seria un problema. Solo era un simple bombillo dándole luz a un lugar encerrado y completamente oscuro.

Apoye mi cabeza a la pared y suspire cerrando los ojos. Quería despejar mi mente y disfrutar de este momento de paz que tenía.

Me concentre en mi suave respiración. Varios minutos después empezaba a quedarme dormida cuando un ruido me sobresaltó.

Intenté abrir mis ojos fracasando en el intento. No podía abrirlos, sentía como si de repente estuvieran pegados y mis parpados dormidos.

¿Qué m****a?

Traté de llevar mis manos a mis ojos, pero no pude, en realidad no podía mover ninguna parte de mi cuerpo. El pánico empezó a recorrerme. Mis bellos se erizaron de repente al sentir un toque en mi brazo.

—No tengas miedo —tragué fuerte al escuchar una voz completamente distorsionada susurrarme al oído. Mi respiración se aceleró de inmediato, podía sentir como mi corazón latía de una forma abismal—. ¡No me tengas miedo!

Me sobresalté al escuchar la voz de nuevo, pero esta vez en un tono alto y autoritario. Mis ojos se abrieron y lo primero que pude ver fueron unos ojos, unos ojos completamente rojos observándome a centímetros de mi rostro. Parpadeé varias veces asegurándome que lo que veía era enserio. El aire a mi alrededor se encontraba pesado y el respirar se está volviendo difícil, además, toda la habitación olía a azufre.

Intente abrir mi boca para gritar, pero no podía y tampoco podía levantarme, era como si de repente hubiera perdido el control de todo mi cuerpo, como si este se encontrara dominado por alguien o por él.

"Dios, protégeme de todo mal y de todo peligro"

Todo mi cuerpo se erizó nuevamente cuando unas manos se posaron en mis brazos apretándolos, lagrimas cayeron de mis ojos al sentir como su tacto quemaba en mi piel, era el mismo dolor que había sentido en mi pesadilla.

—Él no es tu Dios, no tienes derecho a pedirle protección Santana —una risa siniestra se escuchó en toda la habitación, era como un eco.

Por favor que me pueda mover, Dios ayúdame…quien sea ayúdenme.   

—Dale saludos a tu mami —El ardor incrementó en cierta parte de mis brazos haciéndome dar un grito desgarrador.

Cuando sentí que de nuevo tenía el control de todo mi cuerpo, me levanté tambaleando y abrí la puerta para salir de aquel cuarto oscuro, iba a empezar a correr per mi cuerpo choco con algo duro. El miedo me recorrió cuando pensé que podría ser de nuevo aquella cosa.

— ¡NO! —grité golpeando el pecho de este y tratando de alejarme, pero era algo inútil.

—Samara, soy yo… Jeremiel, cálmate —sus brazos me aprisionaron a su cuerpo logrando calmarme de inmediato—. Todo está bien, tranquila.

—Al-Alguien…allí…yo…me —balbuceaba palabras incoherentes. Tenía mucho miedo y no lograba coordinar nada de lo que quería decir.  mis brazos empezaron a quemar aún más intenso de cómo había sido minutos antes, lo que me hizo tener la fuerza para separarme y saber que pasaba conmigo—. Mis brazos.

Abrí mis ojos sorprendida al ver dos marcas grandes de manos en cada uno de mis brazos. Estaba completamente rojo mi piel

 —Todo está bien Samara —se apresuró en aclarar, agarrando mi rostro entre sus manos y haciendo que me concentrara en él—. Ya paso.

Negué una y otra vez. Mis ojos se cristalizaron por la cantidad de lágrimas que salían como cascadas de mis ojos. Nada estaba bien…nada.

No podía aparentar que todo estaba bien cuando mi mundo era un completo caos y no tenía ni la mínima idea de que hacer para resolverlo y evitar la destrucción del. Porque así me sentía, sentía que cada día que pasaba era una derrota, me sentía en un juego de ajedrez en donde era una m*****a peón.

— ¿Esto es estar bien? —pregunté, viendo con miedo mis brazos—. Nada está bien Jeremiel.

—Te tienes que tranquilizar, tal vez fue un…

—No —lo detuve antes de que siguiera y quisiera hacerme creer algo que evidentemente no era la realidad—. No vayas a decir que lo que me acaba de suceder no ha sido real, porque fue tan real, así como nuestra existencia en este mundo.

— ¿Te ha sucedido antes? —Negué—. ¿Qué paso allá dentro?

—No podía abrir mis ojos ni tener el control de mi cuerpo, cuando pude abrir los ojos alguien estaba muy cerca mío y tenía sus ojos de un color rojo —un escalofrió me recorrió al recordarlos—. Cuando pedí ayuda a Dios, se molestó...tanto que tuve miedo por mí, su voz era gruesa y muy distorsionada, su risa era tan escalofriante y era como un eco.

Jeremiel solo se quedó callado y asintió, sus ojos me miraban fijamente sin parpadear. Desearía saber que estaba pasando por su mente.

¿Pensaría que estoy loca?

Se quitó un collar que tenía puesto en su cuello, las anteriores veces no me había percatado del. Cuando termino por quitárselo me lo extendió.

—Quiero que te lo pongas y por favor escúchame —Asentí—. Nunca te lo quites por nada del mundo Samara —exigió.

— ¿Por qué?

—Esto te protegerá de cualquier cosa que te quiera hacer daño.

— ¿Un collar de un ala? —alcé una ceja incrédula.

—No veas lo físico Samara, pues terminaras equivocándote.

toco mis brazos de una manera muy delicada y supe que quería. Me volteé y agarré mi cabello para que así pudiera ponérmelo.

—A simple vista es un simple collar de plata con un ala de ángel. Pero en realidad es otra cosa...algo muy poderoso que te mantendrá a salvo.

Susurró esto último en mi oído provocándome que se me erizaba la piel de esta zona. Nunca me habían gustado este tipo de cercanías, me hacían volver débil y lo odiaba.

—Si ya acabaron con su momento de seducción necesito que vayas con Arael, Jeremiel.

Ambos nos volteamos al escuchar la voz de Elemiah. Sentía como estos dos se desafiaban con la mirada lo cual era algo incómodo. Jeremiel asintió y se despidió

¿Por qué Elemiah siempre aparecía cuando nos encontrábamos juntos y se lo llevaba lejos de mi?

— ¿Te doy un consejo Samara? —Dijo segundos después, iba a responder, pero continuó—. Aléjate de Jeremiel.

Qué curiosidad, días antes Jeremiel me había dicho lo mismo sobre él.

“Solo mantente alejada de él, o saldrás dañada".

— ¿Por qué? —me atreví a preguntar.

—No es bueno para ti.

— ¿Y tú sí? —alcé una ceja irónica.

—No, tampoco —sonrió de lado mientras miraba mis brazos, me crucé de brazos intentado tapar las marcas—. No creas en nadie Samara, ni en tu propia sombra.

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