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Capítulo 7

Melanie asintió cuando lo único que quería era rogarle que le sostuviese la mano mientras entraba al hospital. En sus diecisiete años, le había tocado enfrentar la vida prácticamente sola. Su abuela siempre había estado con ella, pero a su edad ya no podía darle el apoyo que necesitaba.

«¿Sería mucho pedirle que venga conmigo? No, no puedo. Fue suficiente con que me trajese a ver a mi novio cuando tenía una cita con él. Además, ¿qué explicación le daría a Nick? Hola, él es Axxel, nos hemos besado dos veces y teníamos una cita hoy. Sí, sonaría genial. Así que no tengo opción, enfrentaré esto sola.»

—Te puedo esperar si lo necesitas —ofreció él al verla tan nerviosa. 

—¿De verdad lo harías?

—Sí, princesa. No me importaría esperar —sonrió con un asentimiento. Qué más daba esperarla, ya estaba ahí y no tenía ninguna otra cosa por hacer.

—¡Muchas gracias! Solo serán unos minutos, te lo prometo. —Se bajó del auto temblando. Estaba asustada por reencontrarse con su novio después de tantos meses.

«¿Nick sabrá la verdad? ¿qué me dirá cuando me vea?», pregunta tras pregunta, llegaban a su cabeza atormentándola. No tenía idea de lo que pasaría y comenzó a sentirse enferma.

«Tú puedes, Melanie. Sabías que podía pasar. Es Nick, él lo entenderá», repetía como un mantra, pero aun así no dejaba de temblar.

Axxel se bajó del auto para calmar la ansiedad que le generaba esperarla mientras visitaba a su novio y caminó de un lado al otro con las manos en la nuca. Se sentía frustrado y muy confundido.

«¿Qué rayos hago aquí?, ¿por qué sigo insistiendo con ella?, ¿por qué no puedo detenerme?»

Necesitaba hablar con alguien de lo que estaba sintiendo, pero Maison no era una opción, no después de haberse burlado de su noviazgo con Rebeca. Y siendo él su único amigo…

«¿Qué le puedo contar? Que no puedo dejar de pensar en Melanie, que me he dado paja en su nombre todas estas noches, que cada vez que beso a otra chica estoy deseando sus labios...»

—¡Idiota! No te enamores de ella. ¡No lo hagas! —golpeó con ira el capó de su Mustang, enojado.  

«¿Y si ya es muy tarde? No, ¡carajo! No es tarde. No lo es»

¿Qué lo frustraba más: enfrentarse a lo que sentía o saber que ella estaba cerca de volver con su novio?

«Puede que ella no lo quiera. Puede que solo esté aquí para despedirse. Sí, eso es posible.  ¿Y si no? ¡Estúpidos pensamientos!».

***

—Cariño, qué bueno que estés acá. —La saludó Kris, la madre de Nick, con un beso y un abrazo. Melanie le correspondió el gesto, buscando en ese abrazo el consuelo que necesitaba.

—¿Estás bien, dulzura? —preguntó, al notar que Mel estaba temblando.

—Sí. Es que yo… no sé qué decirle. ¿Él está… ?

—Sí. Nick está bien y preguntó por ti. —Le ofreció la mano para que entrasen juntas a la habitación y ella la tomó agradecida.

Mel lo visitó a diario los primeros meses, pero, al pasar el tiempo, dejó de hacerlo. Tenía tres semanas sin ir y esta vez sería distinto, Nick estaba despierto y era momento de enfrentar la verdad. Cada paso que daba, la acercaba más a él y miles de recuerdos colapsaron su mente. Su primer beso, las promesas de amor; esa tarde de verano, en la que por poco le entrega su virginidad, y aquel ocho de abril, cuando sucedió el accidente que le cambió la vida a ambos.

—Hola, Nick. —Fue lo máximo que logró decir. Su corazón martillaba con fuerza en el pecho y le cortaba la respiración.

«¿Y si se da cuenta?, ¿y si vio algo? No sé qué haré si me pregunta por… No, él no lo sabe.»

—Hola, bebé —respondió él con una mueca.

«Qué hermosa está mi chica», pensó, pero al instante supo que algo andaba mal. Melanie ocultaba algo.

Su madre se fue para darles privacidad, pero ella deseaba que no lo hubiese hecho. No quería estar ahí sino echarse a correr sin mirar atrás; estaba completamente abrumada por el secreto que escondía.

—¡Wow! Luces fantástica. Aunque sigues usando ese uniforme horrendo, bebé.

—Sí, es horrible —soltó una risita nerviosa y dio dos pasos  adelante—. ¿Cómo te sientes? 

—Estupendo, como si hubiese dormido por seis meses. 

«¿Qué me estás ocultando, Mel?, ¿por qué no me miras a los ojos.»

Desde que despertó, lo único que le ilusionaba era verla, pero algo no iba bien y él lo sabía. Pasaron seis largos meses y Melanie no estaba obligada a guardarle fidelidad a un novio sentenciado a la muerte; eso estaba claro para él. A pesar de saberlo, temía hacerle la pregunta, porque en su mente solo habían pasado dos días desde la última vez que la vio. Aún recordaba cómo se sintió la piel de Melanie en sus manos y el calor de aquellos besos que tanto adoraba. Él la seguía queriendo. ¿Y ella?, ¿qué sentía ella por él?

—¿Qué hay de ti? ¿Tienes novio? —preguntó sin rodeos.

Si algo tenía Nick era ser directo y eso no había cambiado, seguía siendo el mismo, solo estuvo en un sueño profundo, uno que le detuvo la vida solo a él, los demás siguieron adelante. 

—Nick —susurró—, sabes que te quiero —Hizo una pausa tratando de ordenar sus ideas, buscando las palabras adecuadas para no herirlo—. Yo… mis sentimientos ya no son tan claros como lo eran hace un tiempo. Lo siento —se disculpó, con las lágrimas a punto de brotar. 

—Lo entiendo, Mel. No tienes porqué disculparte —aseguró con una sonrisa que no llegó a su mirada. 

—¿Nick… te puedo dar un abrazo?

—Ven aquí, tonta. —Ella caminó hasta la cama y lo hizo. Era real, estaba vivo. En ese momento, olvidó todo lo que le ocultaba y lloró en su pecho.

Cuando sucedió el accidente, lloraba todas las noches hasta quedarse dormida. ¿Por qué tenía que pasarle eso a Nick?, ¿por qué todos la abandonaban siempre? Él no era solo su novio, también era su amigo, su apoyo, la única persona que la conocía de verdad...

Él la consoló acariciándole la espalda y poco a poco dejó de llorar.

—Me hiciste mucha falta, Nick. No sabía si tú… —comenzó a decir, mientras se apartaba de sus brazos. 

—Lo sé, Mel. Mamá me ha contado. ¿Y tu abue?

—¡Oh! Ella está bien, siempre me pregunta por ti.

—Dale un beso de mi parte y dile que estoy muy bien.

—Lo haré.

Mel miró el reloj en su muñeca por segunda vez desde que entró a la habitación, nerviosa por no querer excederse y abusar de la solidaridad de Axxel. 

— ¿Hay algún chico, Mel? —insistió, deseando que la respuesta fuese no.  

«¿Oh mi Dios! ¿Qué le digo? No puedo hablar de él. No así. Igual no creo que sea necesario, entre Axx y yo no hay nada».

—¿Cuándo volverás a casa? —preguntó en lugar de responder. 

«No hace falta que lo diga, sé que hay un chico. ¡Estúpido accidente!»

—En la mañana. Los médicos no salen de su asombro, pensaron que yo era un caso perdido —sonrió, escondiendo el dolor que le golpeaba el pecho al saber que alguien más tenía el corazón de su chica. Mel ya no era su bebé y nada entre ellos volvería a ser lo mismo.

—Me alegro mucho. No sabes cuántas veces le pedí a Dios que regresaras y saber que estás a salvo es un gran alivio —aseguró esbozando una sonrisa—. Me tengo que ir. Pasaré por tu casa mañana después de clases. —Se acercó de nuevo para despedirse con un beso en la mejilla, pero él tomó su mano. Deseaba tanto que esos meses no hubiesen pasado para que ella lo siguiese amando a él.

—Te quiero, Melanie —susurró antes de darle un beso casto en los labios como despedida.

Ella se alejó sin decir nada. No podía. Si abría la boca, corría el riesgo de soltarle toda la verdad.

Contuvo las lágrimas hasta que cruzó el pasillo y se apoyó en la pared dejándose caer al suelo. Lo último que quería era romperle el corazón, pero todo cambió para ellos desde aquel accidente.

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