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Capítulo 5

Como era de esperarse, mi jefe tan puntual. A esa hora, en punto estuvo frente a la puerta de mi habitación, y no se me pasa desapercibido la mirada que me brinda cuando estoy frente a él, ya que esta ocasión y como me dijo que iríamos a un bar, no tengo esos trapos aburridos.

No negaré que cuando lo vi, se me seco la garganta de lo apuesto que se encontraba, del mismo modo el trago en seco después de examinarme de pies a cabeza.

Salimos de lugar sin mediar palabras. El trayecto fue igual de silencioso, pero no ese silencio tenso, esta vez era placentero, pues yo disfrutaba las luces de la ciudad, la que observaba por la ventana del coche.

Cuando me dijo que iríamos a un bar, no me imagine que sería a un estilo muy libertino. Este era un club, por fuera no llama la atención, más bien parece un lugar de mala muerte. Pero estaba muy equivocada y bastante decepcionada tambien, pues mi jefe me acaba de avisar que estamos en este lugar por trabajo.

Creo que era demasiado bueno para ser verdad, y de cierta forma ya estoy traumada, pues el iPad de mi trabajo lo traigo en el bolso.

Llegamos a la entrada y mi jefe se presenta, el hombre de seguridad nos guía por otro camino, posicionándonos en frente de un ascensor. Ingresamos dentro del mismo y subimos hasta el cuarto piso, y cuando ingresamos por fin al lugar, mis ojos brillaron y mi sonrisa era notable, la misma que se esfumó al ver a las meseras, totalmente desnudas caminando con las bandejas en la mano. Miré a Dalbert y este tenía la mirada puesta en mí, con un rostro que estoy segura demostraba burla, del mismo modo hice un gesto de me da igual, liberando un poco la tensión, pero sin olvidar que estoy trabajando.

Todos los hombres estaban enmascarados, había mujeres vestidas de manera provocativa, pero eran menos, y, por ende, lo que ya repetí anteriormente, meseras desnudas. Observo en la barra y el barman esta sin remera, y se me hace agua en la boca por lo sexy que se ve haciendo malabares con las botellas. Mi jefe se percata de mi mirada y automáticamente me llama la atención.

-Estamos trabajando. – avisa, y yo asiento embobada. Aún estoy en shock, porque, aunque sea inexperta he leído sobre temas como estos, pero no tenía idea que existían lugares para practicarlo.

Dalbert me explico que la mayoría de los clientes son empresarios y políticos y las mujeres vestidas y enmascaradas tambien, del mismo mundo. Que en este lugar se utilizan seudónimos, evitando de ese modo saber sus identidades, y que todos los que deciden participar de alguna atracción deben firmar un acuerdo de confidencialidad para evitar inconvenientes, ya sea, para el club o para el cliente. El BDSM es algo que muchos anhelan, pero en la vida cotidiana no lo quieren practicar, y esas personas vienen a cumplir sus fantasías en este lugar.

Hasta yo siento curiosidad.

También me explico que el dueño es un amigo muy cercano, y que se dedica a cosas ilícitas que no me incumbe por obvias razones, entre menos sepa mejor. Y que ahora quiere abrir un club en la ciudad de New York, mucho más amplio, pues extenderá sus negocios por allí.

Mi trabajo sería observar y anotar todo lo que veo, para después investigar e ir plasmando, dejando en claro todo lo relacionado a la arquitectura y nada de distracciones.

Pude notar que se veía relajado mientras me explicaba, cosa que no duro mucho, pues su mirada se tornó fría al percatarse de cómo lo observaba.

-A trabajar. – me ordena, y yo asiento como una empleada, aunque, literalmente es lo que soy.

Pude notar que por fuera no llama tanto la atención como es por dentro, la gente no está abarrotada formando fila, que este lugar es para clientes exclusivos, pues solo muestran su carnet e ingresan, tambien pude notar sus prendas extravagantes con sus máscaras.

Un hombre demasiado apuesto, acompañado de gorilas divinos se acerca a nosotros, el hombre en si tiene rasgos asiáticos, pero con un acento ruso. Su sonrisa es hermosa, y su cuerpo, !Uff! bien formado y llamativo, especialmente con esa ropa casual.

Mi jefe quiere concentración, pero con hombres así uno no puede.

Un hombre se encuentra con él, pero no me quita la mirada de encima, lo cual me incomoda un poco.

-Pero si es mi querido amigo. – dice, envolviéndolo en un abrazo efusivo, que hace que me quiera reír. Cubriendo mi boca con mis manos mientras agacho la cabeza con disimulo - ¿Hace cuánto que no te veo?

-Pues te escondes como una rata. – contesta mi jefe, de manera severa. Trato de estar atenta a ellos, pero sin dejar de observar el lugar.

-Tanto tiempo, jefe. – saluda el hombre que no me quita la mirada, y Dalbert nota como lo hace.

-¿Y esa señorita? – pregunta de repente el asiático, mientras se acerca y toma mi mano, para llevarlo hacia su rostro y plantar un beso en ella. – Ronin, a sus servicios. – dice, y mi rostro se vuelve rojo.

-Olivia. – respondo, un poco tímida, son hombres imponentes y no sé cómo comportarme para ser sincera. – Asistente Personal del señor Brown. – Se acerca el otro hombre y se presenta.

-Mucho gusto, señorita Olivia. Soy Andrei, para servirle. – estos hombres me dejaran sin aire. El mismo acto que hizo Ronin, lo hace este hombre y yo siento que mis piernas fallan. Un carraspeo interrumpe mi ensoñación y recuerdo que vine por trabajo.

El dueño del lugar nos dirige a un lugar para sentarnos, nos ofrece que beber a lo que yo solo pido agua, por el momento. Una mujer totalmente desnuda me trae el agua que pedí, y la miro expectante, con el ceño fruncido al imaginar lo aireada e incómodo que ha de ser, niego varias veces, y me doy cuenta que me estoy desviando de lo que realmente debo hacer.

Quito el iPad de mi bolso y empiezo a hacer las anotaciones correspondientes de manera tranquila, observando todo el lugar en el cual me encuentro. De reojo veo como el tal Andrei me observa, para después sonreír, le doy una media sonrisa, un tanto incómoda y veo que se pone de pie y se acerca a su jefe a susurrarle algo en el oído. Este me mira y sonríe mostrando todos sus dientes, y así el corpulento rubio se retira de donde está, no sin antes volver a mirar.

Soy consciente que mi jefe está atento a mí, pues puedo sentir su mirada aplastándome en mi lugar. Minutos más tarde veo al barman salir detrás de la mesada, y tiene un traje un tanto exhibicionista, y no pude contener mis ganas de reír, pues se me escapo una risita que me era imposible de ocultar, llamando así la atención de ambos caballeros.

-¿Algo que quieras compartir Cambpell? – pregunta con voz fría, mi jefe.

-No, señor. – susurro, bajando la cabeza, y formando una fina línea en los labios para no reír por mi patética imaginación.

-Eso fue, excitante. – comenta con una sonrisa el dueño del lugar, haciendo que mi sonrisa se borre inmediatamente, pues entiendo el doble sentido de ese comentario, especialmente por el lugar en el cual nos encontramos.

Las luces se apagan y en el centro mismo aparece una mujer amordazada de manera vertical por una pared de madera, los ojos cubiertos y un hombre caminando a su alrededor. Ella se encuentra totalmente desnuda y el con una camisa y un pantalón de jeans rasgados.

Habrá un show.

-Puedes hacer las anotaciones correspondientes, sin distracciones, Olivia. – en resumen, quiere que vaya a trabajar. – Una vez termines, tienes libre. El chofer estará a tu disposición y la tarjeta de crédito por si quieras algo.

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