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Cap 5

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La campaña de Leopold Carson patrocinada por Benito Altare parecía un golpe a la Ciudad de Macabria porque tenía dominado los sectores más pobres debido al populismo que ofrecía. Shicho Keinya, el otro candidato al puesto de alcalde, tenía todas las de perder, y los analistas políticos empezaron a huir de Macabria por el pronóstico de las elecciones.

            Cuando llegó el día de salir a votar, la gente se reunió en las urnas y sentenciaron su propia destrucción. Días después de los resultados, se dio a conocer que Leopold Carson obtuvo el 62% de los votos en la ciudad, y Shicho Keinya el 38%. Todos los ciudadanos observaron el ascenso de quien sería durante cuatro años el alcalde de Macabria. Al día siguiente el Diario Ninkuba se pronunció al respecto.

Diario Ninkuba

Ni dioses, ni amos

El ascenso del mal

Ciudadanos de Macabria, me dirijo a ustedes para lamentar los resultados escabrosos de las elecciones. Todos sabemos que Benito Altare patrocinaba a Leopold Carson, el magnate opresor de la ciudad. Sin embargo, muchos de ustedes votaron por este desconocido quien solo tiene fama de ser un abogado con mucho dinero. Los rumores son ciertos, ya empezó la cacería de políticos, artistas y demás personas que se enfrentaron al gobierno pasado. Incluso, el jefe de la policía, quien participó en la revuelta, ahora está a favor del nuevo alcalde. Es probable que reciba una buena suma de dinero, porque ha enviado a sus escuadrones de policías a asediar nuestro edificio, que como ustedes saben, nos costó meses reconstruirlo luego que el anterior jefe de la policía bajo orden del alcalde, lo destruyera.

            El detective Boris Jacob renunció a su cargo, debido a las investigaciones que realizó descubriendo el entramado de la policía que durante años ha protegido a ricos y mafiosos. Asesinatos, secuestros y tráfico de droga apuntan que la mafia junto con Benito Altare trabaja desde inicios de siglo para establecer su orden malvado en esta ciudad.

            Recién había sido inaugurado el bar Solaris, hogar para muchos artistas, y hace una semana fue clausurado por orden del nuevo alcalde. El documento señalaba que el bar promovía la indecencia y apoyaba organizaciones terroristas. Aunque la dueña del bar, Amelia Singor, tiene sesenta años, la detuvieron porque se opuso a la clausura. En ese momento, no solo la detuvieron a ella, también a una decena de artistas que se enfrentaron a los escuadrones de la muerte. Golpearon al poeta Lirius Hunt quien tomó del brazo a Amelia para que no se la llevaran, y ahora está en el hospital luchando por su vida de la paliza que le dieron los policías cobardes. Varios de nuestros reporteros también fueron agredidos, les robaron el equipo de grabación, y algunos están presos. Según la institución DHM (Derechos Humanos de Macabria), existen alrededor de ciento veinte detenidos en el último mes. También hay desaparecidos de acuerdo a los familiares que a diario viene a solicitarnos mostrar las fotos de sus hijos, tíos, padres y hermanos.

            No sabemos cómo va a terminar esta historia, pero de algo estamos seguros, el jefe de la policía es responsable junto con el alcalde de todas estas atrocidades. Ya se ha derramado demasiada sangre en esta ciudad, pero si es necesario defenderse de la policía, hagan lo que sea necesario. Nosotros también estamos preparados para recibirlos en nuestras instalaciones. No tengan miedo, es hora de enfrentar al mal y erradicarlo de una sola vez.

            El jefe de la policía, Zenthan, empezó a reírse en su oficina mientras leía la nota del Diario Ninkuba. Cada vez su risa aumentaba y cambiaba de tono, hasta lograr un ambiente maligno que asustó a sus colegas.

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            A la semana siguiente ocurrió lo insólito, lo que la población menos esperaba, bajo órdenes del juez Thompson, el jefe de la policía detuvo a Benito Altare para llevarlo a juicio por un sinnúmero de delitos. También se pusieron a libertad a más de cien personas, incluyendo a Amelia Singor. Nadie comprendía que estaba sucediendo. Sin embargo, el alcalde se pronunció mediante conferencia de prensa “habitantes de Macabria, las últimas semanas fue secuestrado, manipulado y amenazado de muerte por el magnate Benito Altare, quien hizo de la ciudad un campo de batalla para crear una pantalla de humo mientras traficaba camiones repletos de drogas y armas, por eso estamos en proceso de restauración del orden, pido a la población que mantenga la calma, la policía ya detuvo al empresario para llevarlo a juicio” un periodista del Diario Ninkuba interrumpió al alcalde preguntando por el jefe de la policía. Los demás periodistas también apoyaron esa pregunta. A lo cual el alcalde respondió “Zenthan es un destacado oficial de Macabria, que también fue amenazado de muerte por Benito Altare, es hora de ponerle fin a este asunto, y solo juzgando a Benito es la vía para encaminarnos”. El alcalde se retiró cuando los periodistas conmocionados por su respuesta continuaron haciendo más preguntas.

            Clarice sabía que estaba pasando, entendía cómo funcionaban los mecanismos de poder. Era probable que la mafia estuviera metida en todo ese enredo. Y también que le ofreciera algo mejor al alcalde de lo que podía ofrecer Benito.

            A la semana siguiente el alcalde respondió el teléfono de su oficina. Al otro lado de la línea hablaba Miguel Paen, el jefe de la mafia del centro de Macabria “alcalde, todo está saliendo tal como lo habíamos planeado, el hijo de perra de Benito está fuera del negocio de las drogas, no me importa lo que haga con él, solo manténgalo alejado de mi territorio, en cuanto a Zenthan, quítele el puesto de jefe de policía y que vuelva como detective. Y al tal Boris, lo quiero muerto, dígale a Zenthan que tiene orden de matarlo si lo encuentra. Seguimos con el 10% de las ganancias del casino y protección como honorario de su buen trabajo”. Miguel terminó la llamada, y el alcalde llamó a Zenthan para dictarle las nuevas órdenes.

            Las nuevas órdenes, como siempre, trabajar con los mafiosos. Zenthan estaba de acuerdo, y la corrupción continuó en Walsh.

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