Buenovel

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Cap .1 Monólogo

Cada día es un hastío, me digo a mí misma mientras escucho una de mis canciones favoritas Nobody’s Home de Avril Lavigne, aquella canción me recuerda mucho lo horrible que se está poniendo mi vida. Lo mío debe ser puro masoquismo, mi existencia últimamente no ha sido color de rosa. Mi padre nos abandonó a mi madre y a mí cuando aún era muy pequeña, todo por irse con otra mujer. Mi madre padecía del corazón y terminó sufriendo el paro que acabó con su vida hace tan solo un mes. Perdí el destartalado departamento en el que vivíamos al ser embargado debido a una deuda bancaria de mi padre y terminé en la calle.

Afortunadamente no estaba tan sola, aun tenía a mi gran amigo Paúl quien tuvo la amabilidad de prestarme un pequeño cuarto situado en un barrio poco situado de la ciudad, claro hasta que pudiera encontrar algún trabajo y consiguiera algo mejor.

Hay que admitirlo, aquel cuarto no estaba tan mal: tenía luz, agua potable, y una ducha caliente. Era mejor que dormir en la calle; por experiencia sé que eso no es nada agradable. La primera semana posterior al fallecimiento de mi madre tuve que hacerlo, hasta que Paúl me encontró en un callejón tratando de entablar diálogo con unas vagabundas.

Que estupidez diría cualquiera, por que no pedir ayuda desde el principio a mi amigo. ¿Por qué? Simplemente por que nunca me ha gustado pedirle absolutamente nada a nadie. Desde muy chica aprendí a valerme por mí misma y hacer mi santa voluntad, algo contra lo que mi madre estaba en total desacuerdo.

-Tu lo que debes hacer es estar en casa, estudiar y ser alguien en la vida -se la pasaba repitiéndome. -Para trabajar y mantener la casa estoy yo aunque ya no esté tu papá.

Honestamente no compartía esos ideales, creía que la escuela era una pérdida de tiempo. ¿Por qué mejor no salir desde temprana edad a buscar un empleo? Así podía ayudar con los gastos de la casa.

¿Por qué no buscar cuanto antes una forma de hacer dinero? Así no pasaríamos penurias ni necesidades. Pero no. Mi madre no veía las cosas de esa forma y se sacrificaba en trabajos mal pagados; todo por pagar mi escuela. Aún ahora que ella ya no está conmigo sigo pensando que sus ideales no eran los mejores precisamente. Ahora que no tenía otra opción que valerme por mi cuenta era momento de comprobar si mis métodos de supervivencia son mejores que los de ella.

Pero, ¿cuáles métodos? Al haber sido totalmente mantenida por mi madre no aprendí a hacer nada, pero lo que mejor se me da es improvisar, y eso es un punto a mi favor, o eso creo yo.

Lo único que poseo es mi ropa (toda de color oscuro), mi madre no aprobaba mi forma de vestir, decía que siempre parecía de luto. Ahora puedo vestir ese color sin desentonar por que de verdad estoy de luto. Ah! Y también tengo mi vieja guitarra, un regalo de mi padre antes de abandonarnos, el era un apasionado de la música y yo también tengo esa misma inclinación. Adoro tocar y tocar canciones de mi gusto, aprendí desde muy chica.

Ahora me encuentro aquí a oscuras, sólo con la luz de la luna que se filtra a través de mi ventana pensando en que será de mí de ahora en adelante; en el exterior el sonido de los autos aturde mis oídos, a pesar de ser estar muy entrada la noche también hay mucha gente vagando por las calles, el bullicio es tan nítido como si yo estuviese entre aquella concurrencia. Para ser una chica de ciudad no me gusta nada el ruido y estrés reinante aquí y muchas veces he pensado que sería mejor marcharme al campo pero, ¿con qué dinero? No tengo ni siquiera para comer, Paúl a sido demasiado bueno ayudándome incluso con eso pues trajo alguno víveres, ya que hasta ahora nadie ha querido darme trabajo de ninguna clase, tal ves por que aún tengo sólo 17 años.

Lágrimas caen por mi rostro al recordar su bondad. ¡Diablos! Odio llorar, pero a veces es inevitable y sumamente necesario para purgar el dolor que uno se lleva por dentro. Y el dolor que siento no es poco, no soy esa clase de personas que se quejan a menuda por pequeñeces pero últimamente he sentido como si la vida estuviese en mi contra, es como si toda mi existencia estuviese marcada por desgracias; me he quedado sin nada y lo único que hago es preguntarme que otra desgracia acertará a alcanzarme en los próximos días.

¡Diablos! La vida no debería balancearse en un solo lado, en algún momento debería irme bien, en algún momento los papeles deberían cambiar y todo lo que me ha salido mal se me debería recompensar con dicha y felicidad, pero eso parece tan lejano e imposible. El reloj marca la media noche, debería dormirme ya, pero no puedo ya que hay tantas cosas en que pensar una de ellas el tener que regresar a la escuela mañana.

No sé como logró convencerme Paúl, yo me negué todo lo que pude pero logró meterme la idea en mi cabeza: debía seguir estudiando ya que eso es lo que mi madre habría deseado. Puse todas las objeciones que fui capaz: no tenía dinero, tarde o temprano encontraría algún trabajo y no tendría tiempo para hacer tareas ni asistir a clases y, la vergüenza. Pero Paúl solucionó inmediatamente las objeciones que presenté: de ser necesario el me prestaría todo lo que yo necesitase, dudaba mucho que encontrara algún empleo y lo único que hago es perder el tiempo es más, si tanto era mi empeño por trabajar el mismo me ayudaría a encontrar algo a medio tiempo y me dijo que si antes me importaba un comino la opinión de los demás ¿Por qué iba a cambiar de opinión ahora?

Lo que más me aterraba era que si regresaba a la escuela todo el mundo me vería con cara de pena, me señalarían al pasar y me tacharían de la “huérfana” como si no fuera suficiente que ya me llamaran la “rara”. Un mes sin regresar a clases y no deja de sorprenderme que a pesar de eso quieran recibirme, supongo que es obra de Paúl y sus buenas relaciones con los docentes. Creo que lo hago más por agradecimiento por su preocupación hacia mí mas que por otra cosa, mi amigo se ha encargado tan bien de mí que si lo que quiere es que regrese clases, lo haré.

Las Vegas no es precisamente un lugar en donde se pueda conciliar fácilmente el sueño, acostumbrados al ruido constante, a las multitudes y a la algarabía creo que debería llamarse “la ciudad que nunca duerme” al igual que Nueva York; pero no, aquí para todas las personas tanto residentes como extranjeros es “la ciudad del pecado”. Nunca entendí por que dar tal seudónimo, es verdad que aquí se ve muchas cosas que en otros lugares no, pero sigo creyendo que es una exageración. O, tal vez es mi inocencia la que no me deja ver más allá de lo evidente. Como sea pronto, más pronto de lo que habría imaginado tendré que enfrentarme al mundo cara a cara, no puedo vivir a expensas de Paúl por muy buena y sincera que sea su voluntad.

Lo peor es que no tengo sueño y muchos pensamientos aún rondan por mi cabeza, tal vez si hago algo de música me relajare; iré por mi guitarra e interpretare algo que me guste a ver si así logro conciliar el sueño. Fui a la esquina del cuarto donde se encontraba apoyada contra la pared, la tomo y me dirijo nuevamente a la cama. Veamos ¿con que canción me deleitaré? Entonces acude a mi mente una hermosa canción “Wind of Change” interpretada por Scorpions una banda de los 90’s. No deja de fascinarme el hecho de que con un simple silbido empiece toda una obra de arte como lo es ésta canción; mis dedos interpretan fácilmente los acordes en la guitarra y mi voz interpreta de la mejor manera posible la letra

Siempre he creído que mi voz no es tan disonante, aunque tampoco armoniosa sólo un punto intermedio entre ambas definiciones aunque claro no hay nadie que pueda corroborar mis afirmaciones puesto que nunca he cantado frente de otro persona que no sea yo misma, ni siquiera frente de mi madre, tampoco frente a Paúl que siempre me ha dicho que le gustaría escucharme cantar. Otro de mis peores defectos es mi constante pánico escénico, no tengo nada que hacer frente a eso, además cantar para mí misma me hace feliz y con eso basta.

Es casi la una de la mañana y el sueño empieza a invadirme de a poco, coloco la guitarra en su lugar y me preparo para acostarme y enfrentarme a un sueño intranquilo provocado por los nervios de enfrentar la escuela por la mañana. Entre un pensamiento pesimista y otro aun más pesimista logro finalmente quedar profundamente dormida.