Buenovel

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-III-

-¿Y a dónde se supone que me vas a llevar de viaje?- preguntó Joel sentado en la parte de atrás del taxi que los llevaba al aeropuerto.

Dominic no soltaba su mano ni dejaba de mirarle.

No había querido hacer el amor después de la boda (pero sí otras cosas) pues se reservaba para la semana que pasarían en plena naturaleza y los dos solos.

Quería probar a convertirse en un lobo y que Joel lo viera.

Hacía años desde su primera y quizás única transformación.

Y fue cuando Alice lo vio y lo adoptó.

Entrelazando sus dedos con los de su esposo...

Esposo.

Sonaba tan bien.

-Es una sorpresa-

Joel sonrió.

-Mientras no sea a un calabozo con grilletes y cadenas para inmovilizarme...- bromeó.

Aproximando su boca a la del joven, Dominic musitó:

-Sabes que ya no necesito ciertas cosillas-

El castaño varió los ojos de los suyos hasta su boca.

Mordiéndose el labio inferior, susurró:

-Quizas ahora tendría que ser mi turno para...dominarle, señor Bale-

-¿ Usted quiere...dominarme...señor Bale?- devolvió la pregunta Dominic.

-Mmm, no estaría mal-

-Ya lo discutiremos, nene-

Y sus bocas se unieron en un largo y hambriento beso.

El vuelo duró en torno a tres horas. Joel se mareó un par de veces por lo que el resto del viaje lo hizo dormido y bajo la atenta mirada del moreno.

Una vez llegaron al aeropuerto de Acapulco, tomaron otro taxi que los llevaría directos a su destino.

Antes de subirse, Dominic pidió al castaño que le permitiera vendarle los ojos, a lo cuál, Joel aceptó.

Iba nervioso.

Sus piernas no paraban de temblar y Dominic le posó una mano en la rodilla de una provocandole dar un jadeo.

-Relájate- murmuró a su oído.

La voz grave del moreno puso el vello de Joel de punta además de hacerle oler a excitación.

Notando cómo el taxi se detuvo, salió de éste ayudado por Dominic.

Le oyó despedirse del taxista para, luego, sentir cómo lo guiaba.

-¿Por qué no me quitas la venda ya?-

-Aún no-

Llegando ante una bonita casa de planta baja, Dominic soltó su mano.

Situándose delante del joven le rodeó por la cintura y le mandó:

-Agarrate a mi cuello, nene-

-¿Para...-

La respuesta fue dejar de percibir el suelo bajo sus pies para notar cómo los brazos del azabache sostenerle en peso.

-iiQué haces!!- exclamó riendo Joel.

-Hacer que cruces el umbral como te mereces- respondió Dominic caminando rumbo a la casita.

Terminando de colocar las pocas cosas que llevaban en una única maleta, Joel ya podía ver.

Dominic le quitó el pañuelo nada más cruzar el umbral y depositarlo en el suelo.

El joven había intentado llevarlo al sofá para empezar con su luna de miel pero el moreno se lo impidió diciéndole que tenía otro sitio en mente.

Habían cenado entre pícaras miraditas además de jugar, por debajo de la mesa, Joel, con el pie, a ponerlo nervioso ganándose varios gruñidos de aviso por parte del pelinegro.

Cerrando el armario, notó los brazos del moreno cercarle desde atrás por lo que se permitió recostarse sobre él.

Recibió un cariñoso beso en la sien para oírle susurrar:

-¿Sigues caliente?-

-Yo diría más bien que estoy...hirviendo- jadeó Joel.

-En ese caso ponte el bañador- ronroneó Dominic mordiendo el lóbulo de su oreja.

-¡Oooo! Y...y no es... mejor que...no me ponga...¿Nada?- gimió Joel.

-Póngase el bañador, señor Bale-

Propinándole un azote, que provocó dar un brinquito al castaño, abandonó la habitación, no sin antes regalarle una mirada traviesa.

-Solo el bañador- recalcó.

Joel se rió para sí.

-¿Será...capullo?-

Y buscó el bañador para ponérselo.

Con tan solo el bañador puesto, Joel caminó hacia el salón.

Allí se encontró con el moreno, también únicamente vestido con un ajustadísimo bañador tipo braga de color negro.

-iJoooder!- jadeó Joel.

-¿No me queda bien?- inquirió Dominic.

-Sinceramente...no. Creo...creo que...deberías quitártelo y...no llevar ninguno-

-Buen intento- rió Dominic -Pero...va a ser que no- alegó caminando hacia él.

-Jum, tenía que intentarlo- se encogió de hombros Joel.

El moreno le agarró de la mano y lo guió hacia el exterior de la casa por la puerta de cristal del salón.

-A ver qué opinas de las vistas- dijo.

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