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Capítulo 38 – Confiarse.

La vuelta a casa fue rara. Pensé que sólo me llevaría a casa, pero no fue así, fuimos a pasear por la ciudad, cogidos de la mano, hasta llegar a un alto edificio. Intenté soltarme, pero él no me dejó, tiró de mí hacia dentro, mientras atravesábamos aquel estudio de fotografía, lucía calmado, aunque yo no lo estaba ni un poco. La gente nos observaba a medida que avanzábamos con la vista fija en nuestras manos, en la forma en la que él se aferraba a mí. 

- Vamos a intentarlo todo desde otro ángulo – pedía el fotógrafo, haciendo que me fijase en él un momento. No era otro que Diego, que se quedó con la boca abierta al vernos, fijándose en nuestras manos entrelazadas. Sonrió, como un idiota – diez minutos de receso – pidió a su equipo, para luego hacerle una