Buenovel

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-XXXVII-

El agua tibia le limpia el cuerpo.

Sentirla caer sobre su herida espalda le hace dar siseos de dolor.

Se apoya contra la pared de azulejos de la ducha dejando caer su rostro.

Sabe que parte de la culpa de lo que ha pasado es suya por pedir a Dominic que le enseñe lo que es el límite...

Y depositar su confianza en él.

Y ahora tiene miedo.

Teme que el moreno, en una de sus nimias sesiones de jueguecitos perversos se le crucen los cables y vuelva a atentar contra él.

Por eso mismo ha tomado una decisión.

No va a quedarse allí con él.

Ya ha probado aquella cosa del BDSM.

Ya sabe algo más con respecto al sexo no convencional.

Y aunque está irremediablemente enamorado del azabache, prefiere poner distancias de por medio.

Limpiándose las lagrimas, que se mezclaban con el agua, suspiró con pesar:

-Es...es lo mejor, sí, fue...fue bonito mientras...duró-

Dominic no deja de mirar hacia las escaler