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Capitulo 5.

El jefe Jesus dio un paso hacia el hombre que se acercaba. Le dijo: “Señor, esta área está cerrada. -¿No vio la cinta policial?”. -“Está bien”, dijo Nikaury. -“Este es el agente especial Daury. Él está con nosotras”. Nikaury corrió hacia Daury y lo alejó lo suficiente como para no ser escuchados por los demás. -“¿Qué pasó?”, preguntó. -¿Por qué no respondiste mis mensajes de texto?”. Daury sonrió con timidez. -Me comporté como un idiota. Yo…”. Su voz se quebró y él apartó la mirada. Nikaury esperó su respuesta. Finalmente, dijo: -“Cuando recibí tus mensajes de texto, no sabía si estaba preparado para esto o no. Llamé a Radamet para que me diera más detalles, pero todavía no sabía si estaba listo. Caray, no sabía si estaba listo cuando empecé a conducir hasta aquí. No sabía si estaba listo hasta ahora mismo cuando vi…”. Señaló el cuerpo. Y agregó: -“Ahora lo sé. Estoy listo para volver al trabajo. Cuenta conmigo”.

Su voz era firme y su expresión le decía que iba en serio. Nikaury dio un gran suspiro de alivio. Llevó a Daury de nuevo a los funcionarios agrupados alrededor del cuerpo en el hoyo. Lo introdujo al jefe de policía y al médico forense. Dariana ya conocía a Daury y se veía contenta de verlo, y esto le agradó a Nikaury. Lo último que necesitaba era que Dariana se sintiera marginada o resentida. Nikaury y los demás le dijeron a Daury lo poco que sabían hasta ahora y Daury escuchó con gran interés. Finalmente, Daury le dijo al forense: - “Creo que ya pueden llevarse el cuerpo, si la agente Dariana está de acuerdo”.

-“Estoy de acuerdo”, respondió, a Nikaury le alegraba el hecho de que Daury parecía el mismo de siempre, con ganas de afirmar su autoridad. Mientras el equipo del forense comenzó a sacar el cuerpo del hoyo, Daury estudió el área. Le preguntó a Nikaury: “¿Revisaste el área del otro asesinato?”. “Todavía no”, respondió ella. “Entonces deberíamos ir a hacer eso”, dijo. Nikaury le dijo al jefe Jusus: “Vamos a echarle un vistazo a la otra escena del crimen”. El jefe asintió con la cabeza. “Queda a unos tres kilómetros dentro de la reserva

natural”, agregó. Todos ellos lograron abrirse paso por los reporteros de nuevo sin hacer comentarios. Nikaury, Daury y Dariana se metieron en la camioneta del FBI y el jefe se llevó otro auto. El jefe los alejó de la playa, a lo largo de un camino de arena a una zona boscosa. Estacionaron sus autos cuando llegaron al final del camino. Nikaury y sus colegas siguieron a los dos funcionarios a pie por un sendero entre árboles. El jefe mantuvo al grupo a un lado del camino, señalando unas huellas distintas aquí en la tierra firme. “Tenis deportivas comunes y corrientes”, comentó Daury. Nikaury asintió. Veía las huellas en ambas direcciones. Pero se sintió segura de que no les ofrecerían mucha información, excepto la talla de zapato del asesino. Sin embargo, algunas marcas interesantes se intercalaban con las huellas. Dos líneas movidas fueron excavadas en el suelo. “¿Qué opinas de esas líneas?”, le preguntó Nikaury a Daury. “Huellas de una carretilla, yendo y viniendo”, dijo Daury. Miró por encima del hombro hacia el camino y agregó: “Mi conjetura es que el asesino se estacionó cerca de donde nos estacionamos nosotros y llevó sus herramientas por este camino”. “Eso es lo que dedujimos nosotros también”, concordó Jesus. “Y se fue también por este camino”.

En poco tiempo llegaron a un lugar donde el camino se cruzaba con uno más estrecho. En medio de este camino más pequeño había un hoyo largo y profundo. Era aproximadamente igual de ancho que el camino en sí. El jefe Jesus señaló el lugar donde el nuevo camino salía de los árboles circundantes. “Parece que la otra víctima llegó trotando de esa dirección”, dijo. “El hoyo estaba camuflado, y cayó adentro”. Jesus agregó: “Su tobillo estaba muy fracturado, probablemente de la caída. Así que no pudo hacer nada cuando el asesino empezó a echarle tierra”. Nikaury volvió a estremecerse al pensar en esa muerte horrible. Dariana dijo: “Y todo esto sucedió ayer”. Jesus asintió y dijo: “Estoy seguro de que el momento del fallecimiento fue idéntico al del asesinato en la playa, probablemente a las seis de la mañana”. “Antes del amanecer”, agregó Jesus. “Habría estado bastante oscuro. Un trotador que pasó por aquí después del amanecer vio que la tierra había sido movida y nos llamó”. Mientras Dariana comenzó a tomar más fotos, Nikaury estudió la zona. Se fijó en unos matorrales aplastados que habían sido atravesados por la carretilla. Veía el lugar donde el asesino había amontonado tierra a unos cuatro metros del sendero. Había bastantes árboles por esos senderos, así que la trotadora no vio ni el asesino ni la tierra.

Ahora el hoyo había sido re-excavado por los policías, quienes habían amontonado la tierra a un lado. Nikaury recordó que Radamet había mencionado el nombre de la víctima en RD, pero no podía recordarlo en este momento, Ella le dijo al jefe Jesus: “Supongo que pudieron identificar a la víctima”. “Así es”, dijo Dariana. “Tenía su identificación encima. Su nombre era Robinson Báez  El vivía en Los Americcanos, pero no la conocía personalmente. Así que no puedo decirles nada más de ella por los momentos, excepto que era joven, probablemente veinteañera”. Nikaury se arrodilló junto al hoyo y miró dentro. De inmediato vio cómo el asesino había tendido la trampa. En el fondo del hoyo había una manta pesada con hojas y desechos enredados en el. Había sido extendida sobre el hoyo, imperceptible para un trotador incauto, especialmente en la luz antes del amanecer. Hizo una nota mental para llamar al equipo forense de la UAC para que revisaran ambas escenas del crimen. Tal vez podrían rastrear el origen de la manta. Mientras tanto,  Nikaury estaba sintiendo la misma sensación que había sentido en la playa, de poder meterse en la mente del asesino. La sensación no era tan vívida esta vez. Pero podía imaginar al asesino posado donde ella estaba de rodillas en este momento, mirando a su presa indefensa.

Entonces ¿qué hizo en esos momentos antes de empezar a enterrarla viva? Recordó su impresión de antes, que el asesino era encantador y agradable. Probablemente fingió sorpresa al encontrar a la joven en el fondo de este hoyó al principio. Es posible que incluso le haya dado la impresión a la mujer de que la ayudaría a salir. -“Ella confió en él”, pensó Nikaury. -“Aunque solo por un momento”. Luego empezó a burlarse de ella. Y, después de poco, comenzó a verter carretillas llenas de tierra sobre ella. Debió haber gritado cuando finalmente se dio cuenta de lo que sucedía. -¿Cómo respondió al sonido de sus gritos? Nikaury sintió que su crueldad emergió por completo. Se detuvo para verter una sola palada de tierra en su rostro, no tanto para que dejara de gritar, sino para atormentarla. Todo el cuerpo de Nikaury se estremeció. Sintió alivio cuando esa sensación de conexión comenzó a desvanecerse. Ahora podía volver a analizar la escena del crimen con una opinión más objetiva. La forma del hoyo le parecía extraña. El extremo donde ella estaba parada había sido cavado en forma de cuña afilada. El otro extremo reflejaba la misma forma, solamente invertida. Parecía que el asesino se había esforzado por hacer esa forma.

“Pero ¿por qué?”, se preguntó Nikaury. “¿Qué podría significar?”. En ese momento, oyó la voz de Daury desde algún lugar detrás de ella. “Encontré algo. Vengan a echarle un vistazo”.

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