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Capítulo 27. Discusión

Isaac se fue con un poco del pago de Emilio, pero estaba advertido por segunda ocasión acerca de sus amenazadas en contra de Fernando. Este, lo toleraba ya que, en parte, manejaba la parte de la policía de la ciudad, si él quería, podría sacarlo, pero no tenía un hombre con experiencia como él para sustituirse.

—Cree que soy pendejo—murmuró Fernando al sentarse en su sillón de cuero del despacho, encendió un habano y comenzó a fumarlo, cerró los ojos para disfrutarlo. Tocaron a la puerta y entonces estalló él. —¡¿Y ahora qué mierdas quieren?! —se abrió la puerta y apareció una mujer hermosa, ya mayor, tenía el pelo negro, ojos marrones, la piel bronceada.

—¿Quién el cabrón que te ha hecho enojar, Fer? —                                         

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