Buenovel

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August ayudó a Kyle a acostarse, le quitó los zapatos, le ayudó a ponerse el pijama y luego lo arropó, conversó unos minutos con él y le besó los cabellos al igual que Rori cuando al fin cerró los ojos.

—No me quiero dormir —dijo Kyle con una sonrisa—. Es tan genial que estés aquí.

—Tú lo has dicho —le dijo August—. Genial… y así será siempre.

—¿Lo prometes?

—Lo juro—. ¿Por qué estaba haciendo esto?, se preguntó Tess cerrando con fuerza sus ojos. August, sabía, era un hombre voluble, cambiante. Hoy era un entusiasta de la familia, la vida y el amor… pero en unas semanas estaría por allí, quejándose de las obligaciones, de la rutina, de no poder salir con sus amigos por tener que cuidar tres críos. Y los que sufrirían serían