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—Han pasado dos semanas desde el accidente, y no has ido a visitar a mi hija al hospital. ¿Por qué, Tess? –preguntó Georgina, en el umbral de su puerta, y Tess no supo qué decir; había pedido a Phillip que le consiguiera la dirección de Tess para ir a reclamarle, y allí estaba—. Eras su amiga, ¿no? ¿O era todo mentira?

—Georgina…

—No, no. Sé clara, dime si tienes problemas con los hospitales, que, aunque fuera esa la explicación, nada te excusaría por dejar de ir a ver a tu amiga, a la que todo el tiempo hablaba de ti, de tus hijos, y no hacía sino buscar formas de ayudarte.

Tess se mordió el interior de la mejilla sin saber qué decir. Si fuera Samantha la que estuvier