Buenovel

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Los días se fueron pasando, y Heather se alegró de tener a mano el equipo que Raphael le ofreció para trabajar; fue más que eficiente, funcionaban como un reloj perfectamente cronometrado, y Heather comprendió cómo era que los ricos se hacían ricos. Parecían intuir cada sugerencia suya y se adelantaban a cumplirla. Era maravilloso.

A Tess la llevaba de vez en cuando para aprovechar el tiempo y contarle todo lo que le estaba pasando en su nueva vida, cómo a veces no se creía que todo aquello fuera real… y tan perfecto. Tess sólo sonreía feliz por su vieja amiga.

—Quiero que asistas a la fiesta –le dijo Heather, una tarde que asistían a una degustación del segundo servicio de catering que comprobaban para luego aceptar o descartar.